jueves, 29 de agosto de 2002

Victoria histórica: Las seis horas para el subte

Discurso de Altamira en la Legislatura
La conquista de las seis horas para el subte es el resultado de un largo año de lucha. Los proyectos de ley iniciales se diferenciaban en el hecho de que uno, el del socialista Puy, no contemplaba el mantenimiento del nivel salarial, el otro, de Altamira, sí. En la comisión respectiva, de Legislación, existían antecedentes de lucha por las conquistas laborales, como las declaraciones que impidieron los despidos en el teatro Colón y en la línea B de Metrovías, impulsadas por el Partido Obrero. Más recientemente, Enrique Rodríguez presentó un proyecto idéntico al de Altamira, con la diferencia de que la propuesta de una comisión obrera de seguridad e higiene era transformada en una comisión mixta obrero-patronal. Al final, un "consenso" alcanzado fuera de la Comisión, eliminó el punto por entero.
El proyecto puntal de Altamira fue elaborado conjuntamente con numerosos delegados de Metrovías; este método fue un factor poderoso de movilización. La rebelión popular del 19 y 20 de diciembre, ofreció una nueva perspectiva para esta conquista. La reducción de la jornada comenzó a ser debatida en mayo pasado, en el marco de una creciente movilización de los trabajadores. Hace dos meses, forzaron la interrupción parcial de una sesión de la Legislatura para que fuera atendida su demanda. Allí, se arrancó una recorrida por el subte por parte de una Comisión de Diputados. La visita, realizada una semana después, reveló la profundidad de la movilización liderada por el Cuerpo de Delegados: en cada taller, en cada estación, un contingente de trabajadores esperó a los diputados, proporcionando detalles sobre las condiciones de trabajo imperantes y reclamando la urgente sanción de la ley. Hacia el final de este proceso, se incorporó al reclamo la dirección de UTA.
El proyecto fue aprobado luego de clarísimas maniobras que apuntaban a liquidarlo. El ingreso del proyecto de Rodríguez fue utilizado para dar participación a la comisión de Obras Públicas, con la intención de bloquearlo. Más tarde, en la reunión de Labor Parlamentaria del 21 de agosto, los bloques del PJ, la UCR y el Frente Grande anunciaron que tenían mandato para postergar su tratamiento, posición que fue retirada luego de una fuerte protesta del PO. En la sesión del 22 se intentó dejar para el final su tratamiento, lo que habría significado el riesgo de que quedara postergado otra semana o indefinidamente. En el debate, varios diputado hicieron conocer que Ibarra tendría intención de vetarlo. A partir del viernes 16, el grupo Roggio comenzó una campaña mediática de intimidación, advirtiendo que la ley significaría el despido automático de 300 mujeres.
Conjuntamente con otros proyectos, como el de salario mínimo o el reclamo de sustituir al gobierno y la legislatura por una Constituyente soberana, pero en especial con los proyectos para expropiar a Brukman y Grissinopoli, la acción legislativa del PO ha sido la manifestación del uso revolucionario del parlamentarismo burgués. Acompañado de la acción directa de los trabajadores, sirve para difundir los objetivos, sea inmediatos o estratégicos, de la clase obrera, y en esta medida prepara políticamente a los trabajadores para obtener conquistas decisivas contra el capital.
Sr. Altamira: Señor presidente: la de hoy va a ser una sesión histórica. Todo indica que los diputados de la Legislatura van a darle su voto mayoritario al proyecto de ley que reduce la jornada laboral de subterráneos de la ciudad de Buenos Aires a seis horas, sin afectar el salario.
Será una jornada histórica porque por primera vez en los últimos veinte años logramos parar la ofensiva capitalista de destrucción completa del derecho laboral y de las conquistas de los trabajadores. En los últimos veinte años, no solamente no se ha declarado ninguna nueva insalubridad en ningún ámbito laboral, sino que aquéllas que existían fueron derogadas. Hoy, sin embargo, vamos a reducir la jornada laboral a seis horas en los subterráneos de la ciudad de Buenos Aires. (Aplausos.)
En los últimos veinte a–os se ha destruido por completo el sistema de convenios colectivos de trabajo. La prueba más contundente de ello es que la mayoría de los trabajadores con empleo lo hacen en negro, trabajan catorce horas, no tienen ninguna clase de protección social y sus salarios han caído; de enero hasta ahora, un 25 por ciento. Pero hoy vamos a restablecer la vigencia del derecho laboral y la vigencia de la conquista de los trabajadores. (Aplausos.)
Hace casi dos a–os, el Congreso de la Nación aprobó una "famosa" Reforma Laboral que destruyó el convenio único de trabajo en el ámbito nacional y prácticamente inició un rumbo en el derecho laboral que apunta al contrato individual de trabajo. Hoy, por medio de una acción colectiva de los trabajadores y la sanción de una ley, vamos a imponer la reducción de la jornada laboral a seis horas.
A ver si se entiende bien: hoy es una jornada histórica porque estamos produciendo un viraje en la tendencia política a destruir los derechos de los trabajadores y restablecemos una conquista y ponemos un freno a la voracidad patronal.
Ustedes deben tener en claro –obviamente, lo tienen, pero es importante que quede registrado– que ésta es una de las primeras manifestaciones positivas de la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre pasado. (Aplausos.)
No sólo ésta es una jornada histórica, una sesión histórica y una victoria histórica, sino que también es una victoria ideológica. Al derecho del capitalista y a la búsqueda ilimitada del beneficio le oponemos la protección física y moral del ser humano, que es el trabajador. Es una victoria contra los principios que sustentan la organización social vigente. Y tiene una importancia colosal.
Es indudable que distintos sectores ideológicos van a votar hoy favorablemente la reducción de la jornada laboral. No importa. Es una victoria del trabajador contra el capital. Por eso Metrovías hace lobby. Por eso Metrovías va de la radio a la televisión para atacar este proyecto y a los diputados que lo impulsamos. Y por eso los trabajadores se encuentran movilizados del otro lado.
En esta movilización de los trabajadores lo más destacable, como manifestación de la derrota política e ideológica de la patronal, es la presencia de las mujeres en el recinto… (Aplausos.)… porque constituye la prueba contundente y definitiva de que la ofensiva mañosa y pérfida que apuntaba a decir que esta ley iba a determinar el despido de 300 compañeras, no ha calado en el movimiento obrero de la UTA y del Transporte de Subterráneos, y no ha calado en las compañeras. Las compañeras se han hecho presentes aquí para decir: "Es mentira la campaña de Radio 10. Es mentira la campaña de Metrovías. Nosotras, las mujeres a las cuales éstos quieren proteger, ponemos el pecho y reclamamos con nuestros compañeros varones la reducción de la jornada laboral a seis horas". (Aplausos.)
Quiero decir que esta victoria abre el camino a otra victoria y a la posibilidad de otro planteo muy importante. Este debate y la decisión de afirmar que la Ciudad puede legislar laboralmente para establecer las seis horas, de aquí en más habilita la posibilidad de una movilización para imponer en la Ciudad de Buenos Aires el salario mínimo para sus trabajadores, tanto para el ámbito privado, como también para el público. Esta reivindicación es fundamental y se ha materializado, parcial y deformadamente, es cierto, en otras provincias.
Pero se trata, indudablemente, de una victoria histórica, porque revierte un proceso que es la consecuencia de todo un movimiento popular en el país.
Luego de los documentos que aquí fueron leídos se confirma algo que desde la bancada del Partido Obrero venimos pensando y señalando desde hace un tiempo: es una victoria para la clase obrera internacional, porque las adhesiones de los compañeros del subte de Londres y de San Pablo están demostrando que los trabajadores del subte de la Argentina están haciendo punta en la lucha internacional por las seis horas para los trabajadores de subterráneos en todos los países del mundo. (Aplausos.)
También aquí hay una lección importante. Cuando la empresa Metrovías y el grupo Roggio impusieron la jornada de ocho horas a los trabajadores, según un diputado de esta Legislatura, ello expresó la vigencia de las leyes de mercado. Es una forma muy peculiar de que se manifestaran las leyes de mercado. Primero se crea una enorme masa de desocupados y una enorme competencia entre los obreros por puestos de trabajo que van cayendo todos los días. Primero se quiebra la espina dorsal de los trabajadores en su capacidad de negociación, y después se les dice "juguemos a las leyes del mercado". Y en esas condiciones, quebrando la organización sindical, con desocupados y aprovechando el poder despótico del Estado y una situación de monopolio, la empresa, con amenazas y con intimidaciones, impone en 1993 y 1994, las ocho horas de trabajo. Hoy estamos aprobando una ley contra las leyes del mercado, porque no es el mercado el que establece hoy las seis horas de trabajo; es la voluntad de la Legislatura como consecuencia de la movilización colectiva de los trabajadores. Es una victoria contra las leyes de mercado. Por arriba de las leyes del mercado está la salud física y moral del pueblo argentino. (Aplausos.)
Es un abuso afirmar que algún punto de este proyecto de ley que se va a aprobar en el día de hoy tenga características inconstitucionales. La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires está plenamente capacitada para dictar esta ley. Las disposiciones constitucionales que otorgaban al Estado Federal, al Gobierno Nacional, y por lo tanto, al Congreso Nacional, las facultades de dictar el Código de Trabajo, han quedado definitivamente modificadas, restringidas y condicionadas con la reforma de la Constitución que establece los derechos sociales. Me refiero al Artículo 14 bis.
Automáticamente, existe una disposición constitucional que obliga a garantizar estos derechos y que, por lo tanto, limita la disposición del Artículo 75 de la Constitución Nacional, que le otorga al Congreso, en exclusiva, la facultad de dictar el Código de Trabajo.
Este fenómeno se manifiesta en un hecho muy importante, que no sólo tiene vigencia a la hora de discutir este proyecto de ley, sino otros proyectos de ley.
Me refiero a lo siguiente: un conjunto de constituciones de provincias han establecido como facultad propia del distrito provincial la determinación de la jornada laboral. Por ejemplo, la Constitución de Río Negro, que en su Artículo 7¡ hace referencia al derecho a una jornada limitada de trabajo, que no exceda las posibilidades normales del esfuerzo, y el descanso semanal, y vacaciones periódicas pagas.
Esta disposición de la Constitución de Río Negro demuestra que es facultad de los distritos autónomos que componen el conjunto de la federación nacional el dictado de normas relativas a la limitación de la jornada de trabajo. Esta misma disposición la establece el Capítulo II de la Constitución de Córdoba, en su Artículo 3¡, "Derechos de los trabajadores", que dice: "...a una jornada limitada, con un máximo de cuarenta y cuatro horas semanales, con descansos adecuados, vacaciones pagas y a disfrutar su tiempo libre".
Está perfectamente claro que sólo una interpretación desviada, interesada, favorable a los intereses de los grandes grupos económicos que parte de las autoridades judiciales, podría impugnar esta facultad que tiene la Ciudad de Buenos Aires de dictar el horario de trabajo en el subterráneo.
Acá se han efectuado citas, pero un especialista en derecho laboral, el doctor Ricardo Cornaglia, en la Revista Doctrina, Jurisprudencia y Legislación sobre el Trabajo y Seguridad Social, de 1990, señala con referencia a estos artículos que acabo de citar, que las provincias toman medidas normativas concretas que inciden en la mayor ocupación de sus poblaciones. Son las provincias las que toman las medidas de limitación laboral. Y cuando dice que "inciden en la mayor ocupación de sus poblaciones" es porque a los especialistas no se les escapa que la reducción de la jornada laboral en el subte, por ejemplo, obliga al que gerencia o maneja el subterráneo –si quiere mantener, como es su obligación, la totalidad de los servicios que está prestando– a incorporar nuevos trabajadores para completar las horas que han sido disminuidas, con lo cual se incrementaría el plantel que actualmente se encuentra trabajando en el subte de Buenos Aires.
Sr. Presidente (Busacca): Diputado Altamira: el diputado Crespo Campos le solicita una interrupción. ÀSe la concede?
Sr. Altamira: Sí, señor presidente.
Sr. Presidente (Busacca): Para una interrupción, tiene la palabra el diputado Crespo Campos.
Sr. Crespo Campos: Señor presidente: le agradezco por su intermedio al diputado Altamira.
Como veo que el centro del discurso del diputado preopinante se basa en algunas cosas que yo dije, por su intermedio, le quiero aclarar dos cosas.
En primer lugar, no hablé sobre leyes de mercado con referencia a subterráneos, sino respecto de los cartoneros que circulan por la ciudad.
En segundo lugar, por su intermedio, le quiero pedir al diputado Altamira que me aclare si los derechos del trabajador, que él mencionó, que comparto y que figuran en las constituciones y en las normas de las provincias de Río Negro y Córdoba, se refieren a acuerdos privados entre partes, homologados en el Ministerio de Trabajo, o si están referidos a los derechos del trabajador en su conjunto; si no, estamos hablando de dos cosas diferentes.
No existe legislación en la Argentina que esté por arriba de la Constitución y no existen artículos en ninguna constitución provincial, ni algo delegado, en esta República Argentina, que esté por encima de la Constitución, salvo lo que plantea el diputado Altamira, quien quiere vulnerar los derechos constitucionales sobre la base de una lucha de clases. Pero no existe lo que él dice. Las normas que cita están referidas a condiciones y contratos de trabajo en empleos no regulados ni homologados como son éstos. Si fuese cierto, cosa que desconozco, que las personas que firmaron por los trabajadores este contrato –Juan Manuel Palacios, Roberto Fernández, José Purita, Ricardo Guarachi, Alberto Geremías, José Fernández, Claudio Pacífico, Alejandro Lacquaniti, con el asesoramiento legal del doctor Batista– fueron perseguidos, intimidados y sufrieron algún tipo de represalia para firmarlo, lo que deberíamos hacer no es exactamente lo que estamos haciendo, sino presentar un proyecto y discutirlo –estaría de acuerdo en hacerlo– para que caduque la concesión de Metrovías en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires. Pero mezclamos en una misma madeja todo y no queda absolutamente nada claro.
Sr. Presidente (Busacca): Continúa en uso de la palabra el diputado Altamira.
Diputado Altamira: le recuerdo que le quedan dos minutos.
Sr. Altamira: Señor presidente: debido a que tengo que responder a una interrupción, le pido que me otorgue ese tiempo para luego hacer la conclusión.
La intimidación, la represalia, las condiciones de coacción hacia los trabajadores que firmaron el convenio de trabajo, en el que con renuencia la dirección sindical tuvo que acordar estas 8 horas, figura en el informe técnico presentado por la Unión Tranviarios Automotor, con la firma de Juan Manuel Palacios, Secretario General, en 1994.
Dice: "Iniciadas las discusiones paritarias a fin de firmar un convenio colectivo de trabajo y a partir de lo establecido en el nunca derogado Decreto 28.054 del ‘45 –esto es muy importante, porque ese decreto sigue vigente y nunca fue derogado– y atento a la política de despidos llevada adelante por la concesionaria que profundizaron el temor de los trabajadores a la pérdida de su fuente de trabajo que impidió luchar gremialmente la imposición de la jornada establecida en el citado decreto, se consiguió que la empresa Metrovías reconozca la jornada de 7 horas diarias y 48 semanales". Acá está descripto en qué condiciones el gremio tuvo que enfrentar el convenio colectivo de trabajo firmado por su propio Secretario General.
Señor presidente: la Constitución Nacional garantiza una serie de derechos y, desde ese momento, desde el momento en que garantiza esos derechos, limita el alcance del Artículo 75 de la Constitución, que otorgaba al Congreso Nacional la facultad absoluta de establecer el derecho del trabajo.
En segundo lugar, dos constituciones –la de Córdoba y la de Río Negro– toman para sí con un criterio amplio...
Sr. Crespo Campos: ¡Pero eso no existe!
Sr. Altamira: ...la protección de una jornada limitada, el derecho a una jornada limitada.
Recientemente en la Provincia de San Luis se dictó una ley de salario mínimo. Y en los fundamentos de esta ley se señala el derecho de los trabajadores al salario mínimo vital, que surge explícitamente del Artículo 14 bis de la Constitución.
Es decir, luego de la reforma constitucional del año 1957, no puede sostenerse que la competencia para su establecimiento finca en el Artículo 75, inciso 12), de la ley fundamental, puesto que el artículo mencionado en primer término se refiere al caso de un modo expreso. Es decir, protege de un modo expreso los derechos de los trabajadores.
Esto está fundamentado por la Legislatura de San Luis. Con esto tenemos una absorción, una recuperación de estos derechos por parte de las legislaturas y de las autonomías provinciales para determinarlos.
Por último, quiero se–alarles que la jornada de ocho horas no fue impuesta por convenios colectivos de trabajo. En el mundo entero, como consecuencia de la Revolución Rusa y de los levantamientos de obreros en toda Europa, las legislaturas de esos países adoptaron legalmente –no por convenio colectivo– la famosa reivindicación histórica de la jornada de ocho horas.
Aquí estamos siguiendo ese ejemplo. Por eso la considero una victoria ideológica; y comprendo que el diputado Crespo Campos la sufra, porque es la derrota integral de los planes menemistas, la derrota integral de la política liberal, la derrota integral... (Aplausos.)
Sr. Altamira: ...del profesional de derecho que cita, Funes de Rioja, un vitalicio inscripto en las páginas de Ambito Financiero, el máximo "negrero" del movimiento obrero argentino, asesor de la Unión Industrial y partidario de la flexibilización absoluta de las normas laborales, es decir, del contrato individual. Por eso cita a Funes de Rioja.
Quiero terminar de la siguiente manera: la que determina la constitucionalidad de una ley es la Corte Suprema de Justicia. Esta Corte Suprema de Justicia tiene una facultad muy lata para hacerlo. Cuando hubo que entregar Aerolíneas adoptó una norma cuestionada por todo el mundo, como el per saltum.
Es una Corte completamente cuestionada. De modo que los fallos de la Corte Suprema no se pueden tomar para sentar criterios de constitucionalidad. Otra Corte Suprema, en otras condiciones, establecerá otro criterio, con toda seguridad; porque los fundamentos son perfectamente claros. Están establecidos en las constitucionales provinciales.
Para lograr eso, en el futuro, hay que hacer lo que pide todo el pueblo: que se vayan todos y que el país pase a ser gobernado por una Asamblea Constituyente. (Aplausos y manifestaciones.)

jueves, 22 de agosto de 2002

La patronal sangra por la herida

Vamos por las seis horas!

El proyecto de ley que establece las seis horas de jornada para los trabajadores del subte ya ha superado los obstáculos legislativos previos a su tratamiento plenario. El pasado miércoles 7, la Comisión de Obras Públicas se excusó de analizar el proyecto por su naturaleza "estrictamente laboral", despachándolo en el acto. Por su parte, el bloque del PO pidió para "las seis horas del subte" tratamiento preferencial en la sesión del próximo 22 de agosto. Como ya venía sucediendo, estos últimos pasos legislativos se realizaron bajo la tensa "vigilancia" del Cuerpo de Delegados de Metrovías.
Ante el inminente tratamiento del proyecto, la patronal se ha lanzado a una campaña de características extorsivas: según la especie que los voceros de Ormas-Roggio echaron a rodar por los medios, si la ley se sanciona "la empresa estaría obligada a despedir a trescientas mujeres". Ello, porque la legislación vigente no admitiría el trabajo femenino en actividades declaradas insalubres. Pero la ley de las seis horas no "declara" la insalubridad. Tampoco podría hacerlo dentro de los términos del orden jurídico vigente, que reserva esa potestad para el Poder Ejecutivo. La ley, sencillamente, establece las seis horas, ante las abrumadoras pruebas de insalubridad que fueron aportadas por los trabajadores y por el gremio (UTA), y verificadas por los propios diputados en una recorrida al subte. En este punto, si la Legislatura sanciona la ley, estaría actuando bajo el mismo principio de los decretos que, en 1946 y 1973, instituyeron las seis horas ante la presunción de insalubridad (luego comprobada por los inspectores de trabajo).
Pero si ahora ocurriera lo mismo, esto es, si en un futuro el Ejecutivo de la Ciudad declarara a la actividad insalubre, ¿ello habilitaría a Metrovías a despedir mujeres? De ninguna manera. En la Argentina, existe –y en vigencia– legislación que prohíbe el trabajo femenino e infantil en tareas subterráneas (ley 11.317, del año 1924, anterior a la legislación sobre insalubridad). Resulta claro que Metrovías tomó la concesión del subte con esa legislación vigente. Por lo tanto, no puede alegar ahora "inseguridad jurídica". En suma: la ley de las seis horas no modifica nada del cuadro legal existente al momento en que se privatizó el subte. Por lo tanto, la patronal no puede alegar ninguna causa justificada para el despido de trabajadoras.

A ganar

Como un ladrón acorralado, la patronal ha recurrido a la "toma de rehenes" –en este caso las trabajadoras– para enfrentar al Cuerpo de Delegados de Metrovías. Pero ello está revelando la debilidad de la empresa –y del régimen social que la sostiene– para frenar la embestida de los trabajadores. El extraordinario progreso de la lucha por las seis horas es, en este sentido, una expresión del inmenso campo de lucha –y aún de conquistas parciales– que ha abierto la etapa de la rebelión popular. Las seis horas serían un golpe formidable contra el régimen de las privatizaciones, la reforma laboral y la desocupación en masa y, por lo tanto, reforzaría la lucha de conjunto para completar la tarea del "Argentinazo". Por eso, el jueves 22 tenemos que rodear a la Legislatura de la Ciudad: piqueteros, Asambleas Barriales, trabajadores del transporte, hasta que "salgan las seis horas".


M.R.

jueves, 15 de agosto de 2002

Metrovías: Las seis horas

La Comisión de Legislación General de la Legislatura porteña aprobó - con el voto de seis de sus siete integrantes - el proyecto de ley que establece la jornada de seis horas diarias y treinta y seis semanales para los trabajadores del subterráneo. El proyecto prevé también que el salario no sufra reducciones por la menor jornada laboral, así como que las condiciones de trabajo no resulten afectadas negativamente.
La reunión de Comisión donde se aprobó el proyecto se realizó bajo la presencia de más de 40 delegados de Metrovías. Mientras tanto, y como ya había ocurrido en anteriores reuniones de la Comisión, una movilización de trabajadores del subte se desarrollaba en las puertas de la Legislatura. Es esta intensa acción de lucha la que logró sacar los proyectos de ley por las seis horas del "cajón" al que los habían confinado el PJ, el Frepaso y la UCR. Finalmente, los diputados de estos partidos decidieron presentar su "propio" proyecto de ley, y aceptaron emitir un dictamen favorable al reclamo de los trabajadores. Pero la burocracia legislativa ha levantado un obstáculo adicional para la sanción de las seis horas: el despacho ha sido "girado" ahora a la Comisión de Obras Públicas, la que debe expedirse favorablemente como condición para que luego se trate en la sesión plenaria. Aunque el proyecto hace exclusivamente a una relación laboral (nada tiene que ver con la "obra pública"), no sería extraño que el "giro a comisión" sea utilizado para intentar un nuevo bloqueo. Se impone, por lo tanto, mantener todas las medidas de movilización, para asegurar un dictamen definitivo y su discusión plenaria antes de que termine el mes de agosto.


M.R.

jueves, 8 de agosto de 2002

Las seis horas exigirán un "piquetazo"

El pasado miércoles 31, debía iniciarse el debate en Comisión de los proyectos de ley que plantean la reducción de la jornada laboral a seis horas en el subte porteño. La reunión fracasó por falta de quórum: sólo estuvieron presentes Altamira y dos diputados vinculados a distintas vertientes del justicialismo. En cambio, faltaron la UCR, el Frepaso, el ARI y el derechista "interbloque porteño". En la frustrada reunión se hizo presente una importante delegación del Cuerpo de Delegados de Metrovías y parte del secretariado de la UTA. Aunque los diputados justicialistas Rodríguez y Fernández intentaron "disculpar a sus colegas", es evidente que las ausencias están ligadas a los planteamientos que los diferentes bloques comienzan a delinear respecto de las seis horas.
En los nueve meses transcurridos desde que los proyectos de Altamira y Puy se presentaron, la Legislatura ignoró olímpicamente su tratamiento y contenido. Pero desde las marchas de los trabajadores del subte a la Legislatura, los bloques patronales de ésta se han lanzado a un verdadero "festival de proyectos" respecto de esta cuestión. La frepasista Morresi se ha inscripto con un "pedido de informes" al Ejecutivo, para que "establezca su posición" respecto del grado de insalubridad de las tareas en Metrovías. Un paso más "adelante", el radicalismo presentó otro proyecto pidiéndole al Ejecutivo "que declare la insalubridad". Es decir que rechazan una resolución legislativa sobre el punto, y se la endosan al Ejecutivo, a sabiendas de que el área de Trabajo de la Ciudad ya ha señalado su oposición a declarar la insalubridad.
Finalmente, Enrique Rodríguez ha presentado un proyecto casi calcado del de Altamira, con la sola diferencia que somete el control de las condiciones de higiene y seguridad a una comisión mixta obrero-patronal; en cambio, el del PO plantea una comisión integrada exclusivamente por trabajadores, defendiendo por lo tanto el principio del control obrero sobre las condiciones laboral es.
La proliferación de proyectos, después del prolongado silencio, está expresando la formidable presión que el plan de lucha de los trabajadores del subte está ejerciendo sobre la Legislatura y sus partidos. Pero el carácter distractivo y hasta engañoso de la mayoría de ellos refleja, a su turno, el empeño de todos ellos por dejar a salvo el cuadro de superexplotación laboral impuesto junto con las privatizaciones menemistas. En definitiva, se trata de los bloques políticos que llevaron adelante las sucesivas "reformas laborales" que terminaron, entre otras conquistas, con la de la insalubridad para la mayoría de los gremios.
Frente a las dilaciones, el reclamo de los trabajadores del subte es claro: que la Legislatura sancione las seis horas en forma incondicional. Es decir, sin subordinarla a "dictámenes" previos por parte de la autoridad laboral. Para ello, el Cuerpo de Delegados de Metrovías marcha a profundizar el plan de lucha en curso. El miércoles 7, día previsto para reconvocar a la fracasada reunión de la Comisión Legislativa, los compañeros preparan una gran movilización dirigida a quebrarle el brazo a las maniobras y postergaciones.


M. R.

jueves, 1 de agosto de 2002

Se profundiza la lucha en Metrovías

El pasado jueves se realizó una conferencia de prensa en la Legislatura, por iniciativa del Cuerpo de Delegados de los trabajadores del subte. La conferencia se inscribe en el plan de movilización que vienen llevando adelante los trabajadores de Metrovías por la jornada laboral de 6 horas.
Una semana antes, los diputados de la Ciudad hicieron una "recorrida guiada" por el subterráneo junto a los delegados de la empresa y representantes de UTA para apreciar en forma directa las denuncias que los trabajad ores vienen realizando. La recorrida no dejó lugar a dudas sobre las condiciones insalubres en que están obligados a desempeñar sus funciones.
La presencia de los diputados en los túneles, inspeccionando el lugar, alteró la vida normal del subte y tuvo una amplia repercusión entre los trabajadores. Esta actividad actuó como un importante impulso a la campaña de movilización que se viene desarrollando en torno a la reducción de la jornada laboral.
En la conferencia de prensa, destacados médicos sanitaristas, psicólogos, representantes de asociaciones especializadas en diferentes trastornos corporales, explicaron pormenorizadamente los perjuicios psicofisicos - y hasta daños irreparables - que provoca el hecho de trabajar bajo tierra y carecer del contacto con la luz natural. Dentro de estas perturbaciones, se señaló alteraciones del sueño, cansancio crónico, psicosis y otros cuadros patológicos severos. Ni hablar de los daños a que están expuestos los trabajadores en su aparato auditivo, como resultado de los vicios y fallas estructurales en la construcción de los subtes, o la posibilidad de contraer cáncer o graves enfermedades respiratorias como consecuencia de la proliferación de sustancias tóxicas y cancerígenas (polvo negro de grafito despedido por los motores, fibras de asbestos que liberan las formaciones al momento de frenar).
Estuvieron presentes en la conferencia la Defensora del Pueblo, Alicia Oliveira, y seis diputados de la Legislatura (Enrique Rodríguez, alineado en la actualidad con Rodríguez Saá; Beatriz Baltroc, del ARI; Alexis Latendorf, Patricio Etchegaray, Vilma Ripoll y Jorge Altamira), quienes respaldaron el reclamo de los trabajadores.
Jorge Altamira señaló que no hacía falta abundar sobre la justicia y fundamento del reclamo - que estaban holgadamente demostrados - ; lo que había que discutir es cómo se asegura que esta lucha culmine exitosamente y se imponga el reclamo por el que se viene peticionando. Al respecto, advirtió acerca de que la Comisión de Legislación Laboral que trata el problema viene demorando la aprobación de un dictamen favorable a las 6 horas. Gracias a la firme movilización de los trabajadores de Metrovías, se había logrado que se incorpore a la discusión un proyecto de ley que, como el presentado por el bloque legislativo del Partido Obrero, data de septiembre del 2001.
En la Legislatura, luego de meses de silencio sepulcral sobre el tema, otros bloques han presentado sus propios proyectos. La mayoría de ellos tienen como común denominador la exhortación a las autoridades para que apliquen las normas laborales (el Ministerio de Trabajo) y declaren la insalubridad del trabajo en los subtes.
Se trata de resoluciones inocuas que le pasan la pelota a otra repartición estatal fuera de la jurisdicción de la Ciudad y liberan al gobierno porteño de cualquier compromiso y obligación en la materia. Salta a la vista el esfuerzo que están haciendo los bloques patronales por no entrar en choque con Benito Roggio. A nadie se le escapa el carácter estratégico que tiene esta lucha no sólo para los trabajadores de Metrovías sino para el conjunto del movimiento obrero.
El cuerpo de delegados de Metrovías aprovechó la oportunidad para anunciar la ampliación de su plan de movilización, que incluye juntar, en un lapso de tres semanas, cien mil firmas de la población en favor de su reclamo, y su decisión de movilizarse, acompañados por todos los trabajadores de Metrovías, en caso de que se siga postergando el tratamiento y pronta sanción de las seis horas. Los delegados de Metrovías se vieron acompañados, entre otros, por delegaciones de distintas Asambleas Populares de la Capital, la organización de desocupados Aníbal Verón, la comisión directiva de Haedo de la Unión Ferroviaria y agrupaciones del movimiento estudiantil secundario. Todas las organizaciones presentes se comprometieron a impulsar la campaña de firmas lanzada por los trabajadores de Metrovías.


P.H.