El pasado jueves 11, una importantísima cantidad de trabajadores de Metrovías se dirigió a la Legislatura de la Ciudad para reclamar que se avance en el tratamiento de los proyectos de ley que restituyen la jornada laboral de 6 horas en el subte. Uno de los proyectos pertenece al diputado Puy, del ARI, y el otro a Jorge Altamira. El proyecto del bloque del PO establece taxativamente que la reducción horaria no podrá entrañar ninguna forma de reducción sobre los salarios actualmente percibidos por los compañeros.
Ha pasado un mes y medio desde que se realizó la primera reunión de la Comisión de Legislación del Trabajo para tratar ambos proyectos, con la presencia de un conjunto de delegados de Metrovías que expusieron todos los elementos de juicio vinculados a la insalubridad de su medio ambiente laboral. A renglón seguido, los diputados de la comisión se comprometieron a realizar una "recorrida guiada" junto a los delegados, para apreciar en forma directa las denuncias realizadas.
Acerca de la "insalubridad"
La recorrida de los diputados, sin embargo, no se concretó, y el proyecto no volvió a ser tratado en comisión. En ese lapso, los funcionarios de Inspecciones y Policía del Trabajo del gobierno de Ibarra hicieron conocer, en la Legislatura, su oposición a que sea declarada la jornada de 6 horas por insalubridad. Los funcionarios informaron de la realización de varias inspecciones en diferentes puntos de la red de subtes, donde se señalaron anomalías en materia de insalubridad y seguridad. Según informaron, "la empresa se ha encargado luego de ir solucionando estas fallas". Desde el punto de vista de la dirección de Policía del Trabajo, si se declararan las seis horas por insalubridad "se estaría dando por perdida de antemano la batalla por superar las malas condiciones laborales". De acuerdo a este argumento, la jornada debería durar 8 horas hasta el día en que todas y cada una de las "anomalías" fueran reparadas. El punto de vista obrero es el opuesto: es decir, declarar de inmediato la jornada de 6 horas por insalubridad, y mantenerla hasta tanto la patronal no resuelva los alegados factores de riesgo. Es con este criterio cautelar que rigieron las 6 horas, por una disposición nacional, entre 1946 y 1967, cuando la dictadura de Onganía extendió en una hora la jornada. El decreto de 1946 establecía que, precautoriamente, y hasta que se establecieran los alcances del trabajo insalubre en el subte, la jornada debía ser reducida. Con el mismo criterio rigieron las seis horas entre 1973 y 1980. Luego, los trabajadores reconquistaron las seis horas en 1984, hasta que la privatización menemista impuso las ocho horas.
Con todo, la Policía del Trabajo aborda la cuestión de la condición laboral desde el punto de vista de las "fallas puntuales" (lugares con ventilación defectuosa, etc.), que no lo son tanto porque los delegados y el sindicato han presentado ya setecientas denuncias que afectan a la salud de los trabajadores y la seguridad de los pasajeros. Pero lo esencial es que se pretende ignorar que el subterráneo es un medio ambiente laboral estructuralmente insalubre. Las perturbaciones psicofísicas que entraña el trabajo "bajo nivel" (sin acceso a la luz natural), provocan alteraciones del sueño y manifestaciones de cansancio crónico que pueden afectar, a su turno, la seguridad de los pasajeros. A estos factores, deben sumarse los defectos de fondo en la construcción de la red de subtes y, principalmente, de sus recientes expansiones. Entre ellas, la liberación de fibras de asbestos cuando frenan las formaciones. Junto a la liberación de polvo negro de grafito de los motores, crean un ambiente tóxico y cancerígeno. En relación al ruido, existen niveles altamente contaminantes en la línea C y particularmente en el nuevo tramo de la línea D, que han sido denunciados por distintas organizaciones de usuarios.
¿El gobierno de Ibarra piensa superar todo esto con "correcciones puntuales"?
Luchar por la ley de las seis horas
Este panorama, ampliamente documentado por el cuerpo de delegados de Metrovías, impone la aprobación de una ley de reducción de jornada como una medida inmediata y de defensa elemental de los trabajadores y usuarios. Primero debe aprobarse la ley, luego deberán iniciarse las investigaciones destinadas a establecer los verdaderos alcances de la insalubridad e inseguridad en el conjunto de la red de subtes. Se dice que una ley de estas características podría ser apelada por "inconstitucional", ya que constituiría una intromisión del poder legislativo en las relaciones obrero-patronales, regidas por un convenio laboral de carácter privado. Pero, en este caso, la Legislatura estaría actuando como portavoz de la soberanía popular –es decir, de los intereses de trabajadores y usuarios– contra un fallo dirigido a salvar las prerrogativas de un monopolio capitalista. Una ley serviría como palanca para redoblar la movilización por imponer las seis horas también en el plano del convenio colectivo. Ni qué decirlo, sería el punto de partida para exigir todas las garantías y reformas del ambiente laboral para que la jornada –aún reducida a seis horas– no constituya una sentencia de muerte a fecha fija.
La movilización del jueves pasado "reinstaló" en la Legislatura el debate sobre los proyectos pendientes, así como arrancar, de los legisladores, el compromiso –con fecha y hora– para concretar la postergada recorrida a las líneas. Hay que apoyarse en esta conquista para redoblar la movilización, en todos los planos, hasta arrancar las seis horas.
M.R.
jueves, 18 de julio de 2002
Comenzó el plan de lucha por las seis horas
jueves, 16 de mayo de 2002
Aumento salarial y jornada de 6 horas ya
La bancarización y todas las medidas tomadas por el gobierno de Duhalde para proteger a los banqueros y a los capitalistas en detrimento de los ahorristas y de la población en general, también han afectado a los trabajadores, no solamente a través de la devaluación de los salarios y la inflación sino también porque fuimos obligados a cobrar con tarjeta de débito, cuando lo hacíamos en efectivo, en el lugar y horario de trabajo.
Ahora, con la desconfianza en el cobro con tarjeta de débito, hemos decidido exigir el pago en el lugar de trabajo. El conjunto del cuerpo de delegados se apresta a lanzar más de mil cartas-documento fundando la exigencia en la inseguridad y la Ley de Contrato de Trabajo, que en uno de sus artículos reserva el derecho del trabajador a pedir el pago en el lugar de trabajo.
Debido a la devaluación y a la inflación, los trabajadores estamos realizando asambleas por sector a fin de fijar posición. Los trabajadores del taller Rancagua votaron:
1) Recomposición salarial del 50%.
2) Reducción de la jornada laboral a 6 horas sin afectar el salario.
3) Pre-proyecto de convenio.
4) Asamblea General para tratar los caminos a seguir a fin de obtener estas reivindicaciones.
En la Línea C, una asamblea votó los puntos mencionados luego de un amplio debate, donde se introdujo que teníamos a favor la iniciativa legislativa del Partido Obrero de reducción de la jornada.
En la Línea D, también en asamblea se resolvió impulsar la lucha por la reducción de la jornada y el aumento salarial, y por la Asamblea General.
Charly Pérez
jueves, 15 de noviembre de 2001
Altamira por las 6 horas en subtes
Hemos ingresado a la Legislatura porteña un proyecto de ley de Jorge Altamira que dispone la insalubridad en Subterráneos de Buenos Aires. El proyecto establece 6 horas diarias y 36 semanales para los trabajadores en toda la red en el total de sus instalaciones, talleres, puestos de ventas y demás dependencias.
El texto prohíbe las horas extras, fija un descanso mínimo de 16 horas entre turno y turno y determina que el personal deberá tener siempre descanso hebdomadario (fin de semana) dentro de cada ciclo de 7 días. Garantiza, además, jubilación a los 55 años por insalubridad. Rescatamos así la mejor legislación de insalubridad impuesta en la rica historia de lucha de la clase obrera.
Los fundamentos son abrumadores porque los propios trabajadores de subtes lograron, desde 1946 hasta 1994, jornadas reducidas, la mayor parte de los años de 6 horas y en otros períodos de 7 horas. La consistencia técnica es total, porque incluso nos hemos apoyado en estudios científicos de ruidos cuyos decibeles son altísimos, y en diez ítems más que contemplan la alteración del reloj biológico, el aire enrarecido, vapores y grasas contaminantes, aislamiento, carga térmica, etc. apoyados en estudios de las organizaciones obreras a lo largo de la historia del subterráneo.
Pero el mayor filo del proyecto está en su articulación con la lucha actual de los trabajadores. Hoy, una disposición aislada puede ser desnaturalizada y hasta ser transformada en su contrario con facilidad por los inmensos recursos de superexplotación que tienen las patronales y el Estado.
El proyecto establece taxativamente que la reducción de jornada "no afectará el salario y el precio de la hora se incrementará en la proporción correspondiente". Dispone además que la aplicación del régimen de insalubridad no podrá alterar la tripulación mínima, defendiendo la conquista del guarda por la que se luchó este año; "ni podrá ser compensada por ninguna forma de flexibilidad laboral que aumente el ritmo de trabajo y por lo tanto agrave las condiciones de salubridad propias de la tarea".
El artículo sexto del proyecto determina la conformación de una Comisión Obrera de Seguridad, Higiene y Salubridad elegida por voto directo, con fuero gremial y con un representante del cuerpo de delegados. Su misión es el control obrero de las condiciones de trabajo y del cumplimiento de la propia ley, arrancando esa responsabilidad de manos del Estado flexibilizador, que garantiza sólo los derechos patronales sobre los trabajadores.
El control obrero podrá actuar en común con las asociaciones vecinales que defienden la salubridad para los usuarios y que han realizado fundadas presentaciones ante la Defensoría del Pueblo y ante la Justicia. La seguridad y salubridad de los subtes trasciende a los propios trabajadores, es una reivindicación popular y está reñida con la voracidad del lucro capitalista, flexibilizador y superexplotador de los privatizadores.
Se trata de una verdadera plataforma de lucha para los compañeros de subtes; es una palanca de movilización y refuerza la lucha por las seis horas y la defensa integral de sus conquistas en todos los terrenos. Se abre una etapa de discusión de su texto con el activismo, que podrá incluso enriquecerlo, en las secciones; una tarea que preparará la movilización para lograr el tratamiento y la aprobación. Manos a la obra.
N.P.
jueves, 1 de noviembre de 2001
Tercerizaciones en Metrovías
Desde el año ’97, los trabajadores de Metrovías venimos exigiendo que la patronal de las empresas terceras como Caf, Alstom y Siemens, respeten el acuerdo firmado en el Ministerio de Trabajo de la fecha mencionada, donde se plantea el encuadramiento gremial de acuerdo al convenio vigente de los trabajadores de estas empresas. Ya en su momento, cuando Metrovías informó a los trabajadores sobre su política de tercerizaciones, los trabajadores nos opusimos, porque entendíamos que esta política no producía un adelanto en los métodos tecnológicos de mantenimiento; por el contrario, fueron los operarios de los talleres quienes les enseñamos sobre el mantenimiento a los "técnicos extranjeros" de las empresas mencionadas. Creemos que dichas tercerizaciones tienen dos objetivos: uno, establecer una cabecera de playa para ventas de trenes para la flota de subtes y el ferrocarril Urquiza, como ya sucedió con los trenes fabricados por la Alsthon en Brasil; y segundo, precarizar las condiciones de trabajo, tanto de los trabajadores de Metrovías como de los trabajadores de las otras empresas, aplicando la polivalencia a los que están fuera de convenio e introduciendo una rebaja salarial, porque no se respeta la escala de categorías vigentes en el convenio colectivo de trabajo (CCT). El cuerpo de delegados junto a la dirección de la UTA ha iniciado las denuncias pertinentes al Ministerio de Trabajo, donde se reclaman las diferentes violaciones al convenio colectivo de trabajo y en primer lugar que se respeten las categorías vigentes. En una de las reuniones ministeriales la empresa Caf, que se ocupa del mantenimiento de los trenes de la línea B y D con personal mixto de Metrovías y la empresa mencionada, propuso un convenio por empresa a lo cual tanto la dirección sindical como los delegados le respondieron que se tendrían que ajustar al convenio único.
Para enfrentar éstas y otras arbitrariedades los trabajadores de las empresas mencionadas y delegados resolvieron reunirse todos los primeros viernes de cada mes a fin de evaluar y resolver. Esta asamblea mensual es un instrumento muy importante ya que estamos por empezar a discutir el CCT.
Charly
Trabajadores de Metrovías por la reducción de la jornada
El cuerpo de delegados y los trabajadores de Metrovías se aprestan a dar la lucha por la renovación del convenio colectivo de trabajo que venció el 1/10/2001, poniéndose como objetivo en primer término la reducción de la jornada laboral que pasó de 6 a 8 horas durante el gobierno de Menem.
Los trabajadores lograron recientemente, con paros sorpresivos y jornadas de movilización, quebrar el intento de la empresa de eliminar el puesto y función de los guardas. El conflicto del guarda tuvo la particularidad de mostrar a la sociedad porteña que no podía ser indiferente a las condiciones laborales de los trabajadores de Metrovías, ya que de ellos depende la seguridad de los pasajeros. El cuerpo de delegados, conciente de esta necesidad, larga una campaña buscando profesionales especializados para lograr que se reconozca la insalubridad del transporte subterráneo.
Las condiciones insalubres de trabajo (luz artificial, saturación de ruidos, aire enrarecido, altas temperaturas, etc.) más los ritmos, con jornadas de hasta 12 horas, exigidos por la patronal generan stress laboral aumentando progresivamente la posibilidad del error humano, que en diferentes partes del mundo se ha probado como la causa de grandes catástrofes en los medios de transporte.
Dos proyectos de ley presentados en la Legislatura de Buenos Aires por los diputados Puy (Ari) y Jorge Altamira (PO) serán debatidos en las próximas sesiones. Ambos plantean la necesidad de la reducción de la jornada diaria de 6 horas de trabajo insalubre y Altamira incorpora la prohibición de la rebaja salarial y la necesidad de la jubilación a los 55 años. Crece entre los trabajadores de las líneas y los talleres la convicción de que nuevas jornadas de lucha serán decisivas para torcer la voluntad de los Roggio y Cía, y que la UTA tendrá que mover todas sus fuerzas, porque una victoria en subterráneos es posible. Esto permitirá rearmar a los choferes en su conjunto, más cuando las patronales aducen dificultades económicas para imponer condiciones más negreras en corta, mediana y larga distancia.
Ana y Charly
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