jueves, 16 de diciembre de 2004

METROVIAS: POR QUÉ EL GOBIERNO PUDO IMPONER SU SALIDA

La mayoría del cuerpo de delegados de Metrovías se aprestaba, el miércoles, a aprobar la última propuesta, que sin embargo ha sido presentada por el Ministerio de Trabajo y no por la empresa. La diferencia con la propuesta anterior, que había sido rechazada por una mayoría de asambleas de sector por turno, es apenas cosmética.

No hay un aumento salarial. Lo ofrecido con anterioridad con el carácter de “única vez”, se amplía en 50 pesos (350 para los boleteros, 400 para los guardas y trabajadores de taller, 450 para los maquinistas), que se pagan en una sola cuota. Lo demás sigue tal cual: los 100 pesos remunerativos quedan absorbidos por el aumento del gobierno y hay 2,5 a 5 pesos en el escalafón de antigüedad y el plus por nocturnidad –que involucra a una minoría de trabajadores. En oposición a la aceptación de esta propuesta, un bloque de delegados ha reclamado la convocatoria a asamblea general.

El conflicto se cierra en los términos señalados, una semana después de que el cuerpo de delegados levantara los paros ante la sola presentación de una propuesta y de la insatisfacción manifestada en las asambleas de base respecto a la aceptación en principio de esa propuesta. En las horas y días posteriores, un fuerte movimiento de asambleas de línea planteó la necesidad de respaldar el rechazo con la continuación del plan de lucha. La oferta patronal motorizada por el gobierno está a años luz del reclamo de los trabajadores de Metrovías –53% de aumento al básico, devolución del plus por nocturnidad y 2% por año de antigüedad. Aunque el acuerdo establece la convocatoria a una paritaria por el salario para el 18 de enero, es claro que la patronal y el gobierno han conseguido quitarle a los trabajadores el medio de presión sindical que significa una lucha en las vísperas de las fiestas y llevar el conflicto para el período de vacaciones de verano.

Ante la posición cuestionadora de las asambleas, una mayoría del cuerpo de delegados se dio la política de retener la negociación en sus manos al margen de todo control de los trabajadores. Fue una operación de desgaste que se sumó a todo el operativo previo del gobierno, que había prorrogado dos veces la conciliación obligatoria.

Es claro que el giro hacia la posición oficial de un sector muy definido del cuerpo de delegados ha variado las condiciones de lucha, porque hasta este desenlace la fuerza de los trabajadores había sido la unidad y combatividad de su dirección. Para superar esta situación es necesaria una asamblea general.

En la mañana del jueves 8, un volante de los trabajadores de Metrovías del Polo Obrero y por el PO de Capital saludaba “las asambleas obreras que sabiamente han rechazado la oferta patronal apañada por Tomada” y planteaba que “está a la orden del día una Asamblea General de todos los compañeros de Metrovías, para organizar la continuidad de la lucha, reafirmar el pliego y llamar a la población para el envión final de esta gran lucha”.

Cuarenta y ocho horas después, esta perspectiva era avalada por la autoridad de las asambleas del taller Rancagua y la línea D. Había delegados y activistas de las líneas A y B que acordaban también con ese rumbo y más de cincuenta compañeros participaron de una convocatoria que, el lunes 13, rechazó los términos del acuerdo y exigió la asamblea general. Fruto de esta presión por abajo, el Ministerio convocó a una “nueva audiencia”, pero la mayoría del cuerpo de delegados bloqueó la convocatoria a una asamblea general.

Es incuestionable que se ha llegado a esta situación como consecuencia de una ‘activa’ acción de los ‘punteros’ oficiales sobre el cuerpo de delegados, que seguramente ha sido acompañada de amenazas veladas y no tan veladas. Hace un año que los agentes de Bonasso y otros de la CTA vienen ‘operando’ sobre los luchadores de subterráneos. Abelli, del Movimiento de fábricas recuperadas, que no es trabajador de Metrovías, ingresó en una reunión de la comisión del cuerpo de delegados que se encontraba en el Ministerio de Trabajo, en su calidad de “línea roja” de comunicación con ese ministerio, pero además tuvo toda la ‘licencia’ para recorrer las líneas del subte para testear el estado de ánimo de los trabajadores frente a la ‘oferta’ oficial y para que de ningún modo continuara el plan de lucha. No se ha hecho más que aplicar al subte los métodos ya usados contra el movimiento piquetero, que dieron por resultado la cooptación de los D’Elía y Ceballos, entre otros.

Está planteada la defensa del pliego de reclamos, que incuestionablemente Tomada y Roggio quieren liquidar. El camino democrático y participativo para esa defensa es la ASAMBLEA GENERAL. Los únicos beneficiarios de un retroceso de la lucha del subte como consecuencia de la intriga kirchnerista serán los burócratas de la UTA, que están esperando agazapados.

jueves, 4 de noviembre de 2004

LA CAMPAÑA POR LAS SEIS HORAS

Un planteo kirchnerista

Un conjunto de organizaciones y dirigentes provenientes del MAS, PTS, PC, MST, con el acompañamiento de una fracción del cuerpo de delegados de Metrovías, ha dado a conocer una Declaración constitutiva de lo que llaman “Movimiento por la reducción de la jornada laboral a seis horas y aumento general de salarios”.

Es, sin exageración alguna, un documento kirchnerista. El lector puede comprobarlo con sus propios ojos, yendo al www.metrodelegados.com.ar. En sus más de 7.000 espacios no se encontrará ninguna condena del gobierno o de su estrategia: la reconstrucción de la burguesía nacional y el acuerdo con el imperialismo.

La expresión siguiente es la medida de la Declaración: “Bajo la presión del FMI, los bonistas y el G7, las Corporaciones internacionales y los grandes grupos económicos locales, el gobierno nacional no establece un programa que tenga como prioridad resolver los problemas más angustiantes de los trabajadores”. Es decir, bajo los pliegues del gobierno que anida en la Casa Rosada podría estar madurando una alternativa “nacional y popular”. Es lo que plantea la llamada izquierda “transversal”.

“Establecer” un programa cuya “prioridad” sea resolver los problemas de la clase obrera y el pueblo no corresponde a la naturaleza del gobierno, que se ha trazado el objetivo de reconstruir el capitalismo (y el Estado) a expensas de los trabajadores y las clases populares. La posibilidad que admite la Declaración no se corresponde con un gobierno que, junto con su predecesor Duhalde, ha impuesto el mayor ajuste fiscal desde la crisis de 1890 por medio de la devaluación y el congelamiento relativo de los salarios. Una política que ha hecho intervenir al Estado como pocas veces en la historia para mantener un nivel extraordinario de confiscación al pueblo a fin de pagar la deuda pública y promover los negocios de los capitalistas locales. Este rescate del Estado y la burguesía nacional a costa de las masas prepara el escenario de una próxima rebelión popular.

Los autores de la Declaración debaten sobre si la campaña debe girar en torno a una o cinco consignas, lo que es absolutamente irrelevante si se aprecia el carácter del planteo que encubre el reclamo por las seis horas.

¿“Política de empleo”?

Textualmente dice la Declaración: “En torno a esta propuesta se puede articular una política de empleo”. Frente a la desocupación masiva, ¿los trabajadores deben explicarle al capital los métodos para resolver el empleo, o, en cambio, desenvolver la lucha de clases para arrancar sus reclamos? La declaración quiere una salida legislativa y oficial. Este planteo se parece como dos gotas de agua al de la CTA para que el Estado “redistribuya los ingresos”.

La Declaración señala que “durante el primer año del gobierno Kirchner la economía creció fuertemente” y “sin embargo (sic), la desocupación se mantiene en el orden del 20%”. Al revés: la economía creció gracias a la desocupación y a la reducción salarial. ¿Para que está el gobierno capitalista si no es para consumar el extraordinario aumento de la explotación que surge de ésta y otras cifras? (Con el mismo número de obreros se acrecentó un 20% la producción industrial, contra salarios que pueden comprar un tercio menos de bienes que tres años atrás.) Ninguna paradoja. El gobierno K asegura este proceso capitalista de reactivación con la enorme devaluación, el congelamiento y el agravamiento del infierno laboral.

¿Y la reforma laboral?

Una expresión desnuda por sí sola el carácter del planteamiento: “En esta etapa el capital, a la par que excluye de la producción y el consumo a millones de trabajadores, a los que continúan trabajando los somete a la superexplotación”. ¿”El capital”? Los mentores de la campaña por las seis horas no dicen que el gobierno es responsable de la reforma laboral Banelco II que preservó, para “el capital”, el edificio íntegro de la flexibilidad laboral montado en los últimos veinte años. (Esto es una prueba, por otra parte, del carácter omnipresente de la CTA en la convocatoria. La CTA fue virtual firmante de la reforma laboral del gobierno K y propugna en Metrovías la “libertad sindical” que, en el subte, identifica a la corriente partidaria de montar un sindicato de la CTA paralelo a la UTA.)

De todos modos, el documento no traza ningún tipo de delimitación con la burocracia sindical que hoy está enfeudada en un 90% al gobierno, lo que podría llevar a suponer que la lucha por la reducción de la jornada laboral podría progresar de la mano de Hugo Moyano y Víctor De Gennaro.

Los jueces y el trabajo en negro

El desbarranque de la Declaración es homogéneo. No hay punto que pueda ser rescatado de la catástrofe conceptual y política. Plantea “denunciar la judicialización de la protesta social” cuando es el gobierno, que ha puesto en marcha todos los resortes camarillescos del Estado para enjuiciar a piqueteros y luchadores, el responsable de la represión, y no solamente los jueces. El esfuerzo que ponen en la adaptación política a los capitalistas es tal que los 350 pesos que se reclaman como asignación por los planes son definidos “como un piso para el salario de los trabajadores en negro”, que es lo que ha hecho la patronal.

Por esta razón, la campaña por las seis horas parida en el Bauen es un fuego de artificio armado por un conjunto de corrientes cuyo punto de encuentro es destruir el agrupamiento reivindicativo y político contenido en la Asamblea Nacional de Trabajadores (ANT).

jueves, 30 de septiembre de 2004

Elecciones en Metrovías

APLASTANTE TRIUNFO DE LOS LUCHADORES

El día 17 de septiembre se realizaron las elecciones de los veintiún delegados del subterráneo. De los ocho sectores, la burocracia de la UTA sólo pudo presentar lista en cinco, tres líneas y dos talleres.

La campaña electoral y la posterior elección se desarrollaron en una clara delimitación. De un lado, los candidatos de la burocracia; del otro, las ocho listas impulsadas por el Cuerpo de Delegados y los activistas. Las listas antiburocráticas triunfaron en siete sectores, todas las líneas y dos talleres. Sobre 1.500 votantes, 1.200 le dieron el triunfo a los luchadores. Como consecuencia de los grandes triunfos antipatronales y antiburocráticos de los últimos dos años, se ha consolidado una dirección del activismo, en tanto la burocracia de UTA ha quedado prácticamente barrida del subterráneo.

Ilusiones del viejo y de la vieja

Con la conquista de la jornada de seis horas para todos los trabajadores, bajo y sobre superficie, ingresaron al subterráneo cuatrocientos nuevos trabajadores. La patronal y la burocracia se las ingeniaron para repartirse estos ingresos, birlando al Cuerpo de Delegados la posibilidad de controlar los ingresos mediante una bolsa de trabajo. Esto suponía la creación de una base social patronal-burocrática que podía jugar contra el Cuerpo de Delegados que condujo todas las últimas luchas. Les salió el tiro por la culata: con la excepción de los talleres Polvorín-Bonifacio, el Cuerpo de Delegados del Subterráneo quedó bajo el control abrumador del activismo y los luchadores que en los últimos dos años escribieron las páginas más gloriosas de esta rama de la UTA.

Viéndosela venir, los burócratas de Palacios apelaron al fraude directo, escondiendo los padrones y el diagrama de votación, observándose ya, sobre la elección, que sectores que históricamente votaban en otro lado, esta vez aparecían en la Línea A. Se jugaron a este sector porque allí votaba la administración central y la mayor parte de los nuevos trabajadores. Y notablemente fue allí donde tuvieron la paliza más estrepitosa. Sobre un padrón de esa línea de 500 votantes, votaron 450, y de éstos, 290 votaron contra la lista burocrática.

Fue allí donde, al promediar la votación, un piquete de delegados y activistas tuvo que interrumpirla, para que una escribana verificara que la burocracia se negaba a entregar los padrones. Y sobre el cierre de la votación, una acción provocadora matonil de la burocracia llevó a una confrontación casi física con los trabajadores (ver nota).

También en la Línea B la burocracia se jugó a fondo contra el activismo. Bajo el lema de “nosotros o el caos”, intentaron quebrar a la vanguardia de la lucha. Su apuesta se basaba, además, en las dificultades por las que atravesó el activismo, que se encontró dividido durante todo el mandato de los delegados salientes, quienes nunca acordaron con la lucha por las seis horas. A su pesar, los trabajadores de la línea fueron sobrepasándolos, al obligarlos a cumplir con cada uno de los paros que arrancaron la victoria de los trabajadores de Metrovías. El balance de todo este proceso de luchas demostró al conjunto de los compañeros la necesidad de desplazar a estos delegados y proponer la lista de unidad que finalmente ganó, contra todos los pronósticos de la empresa y el sindicato.

La elección en Metrovías ha revelado un proceso de maduración de la conciencia política de este sector de vanguardia de la clase trabajadora argentina. Por delante se plantea un preciso trabajo de organización de los compañeros para enfrentar las tareas pendientes, la definitiva declaración de insalubridad y el resto de las reivindicaciones del Convenio.

Sobre esta base está planteada la perspectiva de convertir a subterráneos, junto a Transporte del Oeste y otros sectores antiburocráticos, en la plataforma de lanzamiento para la recuperación antiburocrática de la Unión Tranviarios Automotor.

Charly Pérez

"Se va a acabar la burocracia sindical"

Al grito de ¡se va a acabar, se va a acabar, la burocracia sindical! unos 200 trabajadores y todos los delegados del subterráneo custodiaron el conteo de los votos en la plataforma de la estación Río de Janeiro de la Línea A, donde se realizó la elección de ese sector.

Esta situación se dio porque los compañeros, avisados de que la burocracia había movilizado tres micros con 150 “batatas”, que también estaban apostados en la otra punta del andén, hicieron esta convocatoria, que impidió cualquier maniobra fraudulenta.

Los compañeros que estaban trabajando en los trenes, al pasar por la estación hacían sonar estrepitosamente las bocinas en apoyo a los compañeros, y al momento que se anunció el triunfo los “batatas” debieron retirarse ante el emocionante festejo de los trabajadores que también abuchearon a voz en cuello a la burocracia.

Charly Pérez

jueves, 9 de septiembre de 2004

En el subte: Votemos por los luchadores independientes del Estado patronal

El 20 de este mes se realizan las elecciones para la renovación del Cuerpo de Delegados de Subterráneos. Este Cuerpo de Delegados lideró la recuperación de la jornada de 6 horas por trabajo insalubre con aumento de salarios, propinando un golpe fundamental a 20 años de ofensiva patronal, flexibilizadora, hambreadora y antigremial en el movimiento obrero argentino.

La patronal, el gobierno y la burocracia de Palacios operaron y siguen operando por la destrucción del Cuerpo de Delegados.

Metrovías montó una persecución penal contra los trabajadores, que fue derrotada. Ha incorporado al plantel a elementos adictos al aparato burocrático o a familiares de jefes y supervisores.

Lo que está en juego

La elección de delegados plantea dos desafíos. Uno, la burocracia que pugna por lograr una minoría y tener voz propia. Dos, existe un intento de corrientes afines al gobierno que se escuda en la bandera de desafiliar a Metrovías de UTA, para integrarse a la CTA y desviar al Cuerpo de Delegados por las 6 horas (que la patronal ha apelado al Consejo Federal del Trabajo para que sea declarada nula) que Tomada está “cajoneando”. También existe un conjunto de reclamos planteados.

Se está tratando de armar una campaña por las seis horas de jornada laboral en todo el país que es, en realidad, el taparrabos para armar una tendencia contra los delegados ligados a la Asamblea Nacional de Trabajadores. El gobierno y el ibarrismo hicieron “bajar” a sus propios diputados para tratar de consumar este operativo, para lo cual contaron con apoyo de la izquierda democratizante.

Las grandes tareas planteadas siguen, sin embargo, inamovibles: 1)° consolidar la conquista de la jornada de 6 horas, completando los turnos en todos los puestos de trabajo, respetando las promociones, restituyendo el mantenimiento; 2)° lograr la oficialización de la aún precaria condición de insalubridad y sus consecuencias, jubilación a los 55, pago nocturno, antigüedad; 3) afirmar una conducción clasista y antiburocrática en esta rama de trabajadores de la UTA, con proyección al resto del gremio y del movimiento obrero. Ese es el programa del activismo en esta elección de delegados.

Existe demasiado triunfo, demasiado prestigio obrero y demasiado desprestigio de la odiada burocracia como para temer una derrota a manos de ésta. Pero no hay que distraerse ni un minuto, van a maniobrar, van a modificar el mapa y los lugares de votación, pueden intentar una provocación laboral o cualquier otra, con tal de meter dos o tres candidatos propios. El número mínimo legal, por ejemplo, para firmar un convenio contra los trabajadores.

Llamamos a no dejar que entre un solo delegado de la burocracia y a elegir en todas las líneas y talleres a los compañeros más consecuentes y, por lo tanto, independientes del Estado y los gobiernos patronales.

Christian Rath
(sobre la base de informes de Sergio Villamil y Rubén Schofrin)