El miércoles 17, el gobierno de Ibarra promulgó una resolución por la cual autoriza, por 30 días, a que el personal de Metrovías trabaje 8 horas, cobrando como extras las dos que exceden a la jornada de 6 horas, que corresponde legalmente por trabajo insalubre, y que los trabajadores acaban de conquistar. En esos 30 días se debería adecuar el servicio a la nueva jornada de 6 horas.
El gobierno de Ibarra vuelve a actuar como agente de la patronal concesionaria, Roggio-Metrovías, porque la empresa en ningún momento acató la resolución 1105 de la Ciudad, que redujo la jornada. Es más, impugnó la medida ante el Consejo Federal del Trabajo y desconoció los dictámenes de dos jueces laborales y del subsecretario de Regulación y Fiscalización de la Ciudad, todos los cuales sostuvieron que la jornada de 6 horas está vigente.
Desde que salió aquella resolución, el viernes 12, los trabajadores adoptaron el nuevo horario de 6 horas. Como la empresa no tomó las medidas necesarias para organizar los nuevos horarios y la puesta en marcha de un nuevo turno, los servicios empezaron a atrasarse.
La nueva resolución del gobierno ibarrista no es una medida "sensata", consensuada entre las partes, para mejor ordenar el trabajo en los nuevos horarios, sino una nueva imposición del pulpo a Ibarra.
Ibarra ya había jugado un papel miserable en esta historia, cuando vetó, el año pasado, la ley de reducción de la jornada en los subtes, que había sido el remate de 10 años de lucha de los trabajadores (ver PO N° 817). A este "progresista" no le tembló la mano a la hora de presionar, e incluso sobornar, a un grupo de legisladores para cumplir con el mandato de los Roggio. Ahora, Kirchner e Ibarra tampoco reconocen la insalubridad estructural del trabajo subterráneo sino que esgrimen mediciones ambientales que la empresa podría disputar luego de introducir algunos cambios. La resolución de los trabajadores y su cuerpo de delegados de ir a la huelga general, en las vísperas de las elecciones del 24/9, obligó a Ibarra a buscar una solución de compromiso.
Los trabajadores han aceptado la nueva resolución y volvieron a trabajar 8 horas, bajo la condición de que se paguen dos extras y de que al cumplirse el día 30, todo el mundo se retira al terminar las 6 horas. Mucho antes, la patronal deberá dar señales claras de que se reestructuran los turnos, especialmente tomando 400 nuevos trabajadores. Una señal en este sentido se obtendrá cuando el lunes 22 la empresa deba fijar posición ante el juez interviniente que la ha citado, juntamente con la directiva de la Uta y el cuerpo de delegados.
S.V.
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jueves, 25 de septiembre de 2003
Nueva capitulación de Ibarra
jueves, 14 de agosto de 2003
Subte: Le aguaron la fiesta a Ibarra
El sábado 9, en el marco de la campaña electoral, Ibarra tenía una importante carta por jugar: la inauguración de las dos nuevas estaciones de la línea "B", Tronador y Avenida de los Incas.
Para esta ocasión, estaba previsto un acto en el cruce de avenida Triunvirato y Los Incas, el cual contó con la presencia de todos los medios radiales y televisivos que fueron a cubrir el circo montado por el "progresismo" porteño. La concurrencia al acto estaba compuesta mayoritariamente por el aparato de los punteros del Frente Porteño, con sus militantes del PS a la cabeza. Estos últimos, por izquierda, fueron los que intentaron desalentar a los delegados del subte de impedirle a Ibarra su acto "político" y de presentar sus legítimos reclamos.
Ibarra tampoco ahorró esfuerzos para garantizar su acto. El viernes previo, convocó al cuerpo de delegados a una reunión de urgencia prometiéndoles la declaración de insalubridad para la próxima semana. Fue todo en vano, más de 50 compañeros encabezados por el Cuerpo de Delegados estuvieron presentes en el lugar para hacer oír sus reclamos, con banderas, pancartas, rostros pintados con las consignas y cánticos permanentes como éste: "El cuerpo se pudre, el subte es insalubre".
Frente al fracaso de las gestiones del propio Ibarra, fue movilizado en pleno el aparato de seguridad del gobierno y de sus "amigos" (estaban presentes, entre otros, los pesados de Genta) y una gran cantidad de policía de civil, con la intención de neutralizar a los trabajadores del subte. Frente a esta provocación, la respuesta al jefe del operativo fue: "Al primer compañero que nos toquen, les paramos las cinco líneas".
Frente a esta situación, Ibarra se vio obligado a reconocer frente al público y las cámaras la insalubridad del trabajo bajo tierra que realizan los trabajadores de Metrovías, y bajar del palco para recibir de mano de los delegados un nuevo petitorio.
A partir de ese momento, los medios empezaron a reportear al cuerpo de delegados.
El gran ausente de la jornada fue el sindicato, la dirección de la Uta; fiel al principio de actuar a espaldas de sus representados, ni siquiera aprovechó la ocasión para enfrentar a su rival político.
Los que sí estuvieron presentes con sus banderas fueron los compañeros del Partido Obrero de la zona, que desde temprano estuvieron en el lugar repartiendo nuestro programa y una mariposa denunciando a Ibarra - Macri-Roggio.
Corresponsal
jueves, 24 de octubre de 2002
"A la Banelco la vamos a quebrar"
Los partidos patronales quieren "cajonear" la lucha por las seis horas
La lucha de los trabajadores del subte por la jornada de seis horas es, a esta altura, una batalla en regla contra la "flexibilidad laboral" impuesta al conjunto de la clase obrera. El desconocimiento de las seis horas integró, en definitiva, el "paquete" de los contratos basura y de la liquidación de los convenios colectivos, para favorecer a los monopolios privatizadores como Roggio, Macri o Techint. Hoy, ese mismo régimen social se cae a pedazos y la lucha del subte le revela que la clase obrera saldrá a luchar por todas y cada una de las conquistas despojadas.
Es este alcance estratégico el que explica la oposición mortal a la "ley de las seis horas" por parte de los bloques que representan a la burguesía en la Legislatura de la Ciudad.
La expectativa de que el veto de Ibarra pondría un punto final a este episodio fue brutalmente desmentida por la acción de los trabajadores de Metrovías. Ibarra tuvo que valerse de todos los recursos de la extorsión para impedir que los diputados oficialistas "insistieran" en la sanción definitiva de la ley.
Si aquel episodio mostró al Ejecutivo de la Ciudad operando sin escrúpulos a favor de Roggio, la sesión realizada el pasado martes 22 sacó a la luz el esfuerzo desesperado de todos los bloques patronales por "enterrar" la ley de subtes. En esta oportunidad, mientras la Ucr y el Frente Grande prestaron quórum, para proponer que el despacho se archivara ("a comisión"), el bloque del PJ reclamaba "votar de una vez por todas", con plena conciencia de que no se reunirían los votos necesarios por el rechazo al veto. "No podemos tener a la Legislatura en vilo, sesión tras sesión, por este tema", sostenían los diputados del PJ. Pero es esto, justamente, lo que reclamaban los delegados del subte: es decir, mantener en la agenda legislativa a la ley de subtes, hasta quebrar - movilización mediante - la resistencia de los bloques oficialistas. El PJ demostró, así, su compromiso con la "gobernabilidad" reclamada por Ibarra y con la "patria contratista". La misma que le dio de comer a los Grosso y Domínguez en la Ciudad.
Sin embargo, el "cajoneo" fue desbaratado una vez más por los compañeros del subte. Cuando percibieron las intenciones de oficialistas y justicialistas, los obreros presentes hicieron tronar el "que se vayan todos", obligando a la interrupción de la sesión, frustrando la votación antiobrera y forzando a un nuevo cuarto intermedio. Fracasó así el intento por ponerle un "punto final" a esta batalla.
Es evidente, a esta altura, que la Legislatura buscará sesionar en secreto, impidiendo el ingreso de trabajadores, o hacerlo en otro lugar físico, al estilo del viejo Concejo Deliberante que debió ser disuelto. La crisis del subte desenmascaró, así, el carácter conspirativo de la supuesta "cámara de representantes del pueblo".
La lucha del subte ingresará en una nueva etapa, que exigirá del paro, de la unidad con el movimiento piquetero y de una movilización política integral hasta arrancar las seis horas y la insalubridad para todos los trabajadores.
M. R.
jueves, 17 de octubre de 2002
Histórica jornada de lucha en el subte
Después de numerosas asambleas y movilizaciones que lograron arrancar la Ley 871 a la Legislatura porteña, los trabajadores emprendimos una nueva lucha por la ratificación de la ley vetada por el negrero Ibarra.
Para lo cual el Cuerpo de Delegados decidió una movilización para el día 10, fecha en que la Legislatura debía tratar la insistencia de la Ley. La necesidad del paro contra el veto fue madurando en el Cuerpo de Delegados y un amplio sector del activismo. El mismo jueves a las 8:30 horas, el Cuerpo de Delegados junto a la comisión directiva de Uta, evaluando que había una firme posición de los diputados oficialistas (Ucr-Frepaso) de boicotear la insistencia de la ley, decide continuar con la marcha y realizar en todas las líneas un paro sorpresivo de 14 a 15 horas.
Mientras los trabajadores del turno mañana de Metrovías, junto al Polo Obrero y Asambleas Populares, se movilizaban y ejercían una fuerte presión sobre la Legislatura, que ya estaba sesionando, se largaba el paro, que tuvo un fuerte acatamiento en todos los sectores y fue garantizado por los delegados, pese al poco tiempo que medió entre la decisión y la ejecución.
En este sentido, debemos destacar la rápida respuesta de los trabajadores, que demostró que la idea del paro ya estaba madura; en algunos sectores se llegó a interrumpir los servicios cortando la vía. De esta manera se impuso el paro a pesar del intento de la patronal de continuar los servicios con los supervisores conduciendo los trenes.
Esta jornada histórica tuvo una segunda etapa: con más de 250 trabajadores dentro del recinto y con una cantidad superior de trabajadores de líneas de colectivos y piqueteros en las puertas del edificio, sesionó el Cuerpo de Delegados en un salón de la Legislatura para balancear el paro, la movilización y el trámite legislativo. Ante la confirmación de la enorme disposición de lucha de los trabajadores y la confirmación del boicot de la Alianza, se resolvió por unanimidad un nuevo paro de 18:30 a 20:30 horas. Esta decisión fue anunciada en una asamblea improvisada dentro del Palacio Legislativo, que en ese momento estaba objetivamente ocupado por los trabajadores (Metrovías, Rentas y Grissinópoli), y fue ratificada por aclamación. A partir de ese momento los delegados de las líneas bajaron a los túneles a garantizar la medida.
Debemos destacar que este segundo paro superó sorprendentemente al ya contundente paro anterior, sumando al Premetro y a la casi totalidad de las boleterías.
Los trenes quedaron paralizados en todas las estaciones de la ciudad de Buenos Aires, y en algunos sectores los supervisores y una insignificante cantidad de carneros fueron expulsados por los trabajadores para impedir que movieran los trenes. Eso preanuncia cómo se va a desenvolver la lucha en los próximos días contra el gobierno de Ibarra y sus secuaces, y su mandante Aldo Roggio.
Charly Pérez
Los trabajadores del subte ponen contra las cuerdas a un gobierno fundido
La lucha de los trabajadores del subte por la jornada de seis horas ha desatado una colosal crisis política en el Estado de la ciudad. En la sesión legislativa del pasado jueves 10, los radicales y el Frepaso "desaparecieron" del recinto, para no sumar a los cuarenta votos que se requerían para ratificar la ley vetada por Ibarra. Mientras tanto, la ciudad era sacudida por un paro absolutamente masivo de las cinco líneas de subte.
Por primera vez en mucho tiempo, funcionó en el oficialismo la disciplina de bloque. "La Alianza - señaló Altamira en la sesión - había sido quebrada por el pueblo los días 19 y 20 de diciembre pasados. Aquí, en la Legislatura, ya no existía más. Pero anoche, en las dependencias de la Jefatura de Gobierno, el señor Ibarra la reconstruyó por un día. Han desenterrado el cadáver putrefacto de la Alianza, y lo hacen vivir un día, nada más que para atacar y derrotar las reivindicaciones del movimiento obrero".
Para salvar su veto a la ley de subtes, Ibarra tuvo que convocar a una reunión de urgencia a los diputados radicales y frepasistas, en la noche anterior a la sesión. El conciliábulo tuvo la presencia del Coti Nosiglia, es decir, el representante directo de la "patria contratista" dentro de las filas de la Ucr. "Si ustedes ratifican la ley de subtes - les dijo Ibarra - , ponen en riesgo la gobernabilidad de la ciudad." Es decir que sólo continuaría gobernando si es al servicio de los Roggio y las cliques capitalistas que lucran del presupuesto público. Para defender esa orientación, los diputados de la ex Alianza - que en un 90% habían aprobado la ley de subtes en primera instancia - debían ahora desdecirse y "vaciar" la sesión. Es decir que Ibarra-Nosiglia desataron un verdadero golpe de Estado contra la Legislatura, los trabajadores del subte y sus millones de usuarios.
Acción obrera
Ibarra tuvo que intervenir de este modo porque la ratificación de la ley de las seis horas era, a esa altura, imparable. Los delegados del subte acababan de sostener una dramática reunión con los diputados del bloque radical, donde colocaron sobre la mesa las más de 40.000 firmas recogidas entre los usuarios apoyando la devolución de la conquista de las seis horas. "¿Van a optar por esto, por el reclamo de trabajadores y pasajeros, o le van a tirar un salvavidas a un gobierno fundido, al que sólo defienden los Roggio y sus colegas?", les señaló uno de los delegados. Luego de horas de deliberación, el bloque radical había resuelto "insistir" en la ley, lo que desencadenó la posterior intervención de Ibarra.
A esa misma hora, las asambleas de Metrovías resolvían el paro para el día de la sesión. En esas horas, tomó estado público un pacto entre los principales bloques legislativos - suscripto cuando asumió Ibarra hace dos años - , asegurando que ningún veto del Ejecutivo sería rechazado durante su gestión. Es decir, Ibarra puso como condición de "gobernabilidad" el sometimiento permanente de la Legislatura. Naturalmente, la ratificación de la ley de subtes colocaba en crisis ese "principio".
Hay que tirarlo
La crisis impuesta por la acción obrera también se encargó de poner sobre el tapete la sospecha que recorre a todas las oficinas de la Ciudad: detrás de cada uno de los bloqueos a las seis horas está la mano - y sobre todo la caja - de los Roggio. Altamira realizó por primera vez esta denuncia en una reunión de presidentes de bloque, cuando se pretendió postergar, hace dos meses, el tratamiento de la ley de subtes. Uno de los motivos que había empujado a una parte de los diputados radicales a ratificar la ley fue, precisamente, desmarcarse de los rumores de corrupción que crecían en toda la Legislatura. Pero este intento de "saltar del barco" retrata, como ninguna otra cosa, a un gobierno quebrado y descompuesto. El gobierno de Ibarra es la junta de negocios de la banca Morgan, Metrovías y los capitalistas del juego. "Ibarra igual a Hambre", pintan los compañeros de La Boca. "Ibarra igual a Roggio", pintan los compañeros del subte. El repudio popular al gobierno ha comenzado a sacar a la luz los arreglos privados y corruptelas de las pequeñas "juntas de negocios" que funcionan en cada repartición: los negociados inmobiliarios a costa de los sin techo; los negociados con los concesionarios de la alimentación a costa de los comedores de hospitales y escuelas; los negociados con la patria contratista a costa de los trabajadores y usuarios. La lucha del subte coloca sobre el tapete toda esta podredumbre. Por eso, y para imponer definitivamente las seis horas, tenemos que recurrir a una gran movilización de conjunto, interesando a todos los explotados de la ciudad que están siendo agraviados por el gobierno de Ibarra. ¡Seis horas ya! Fuera los agentes de Roggio, Fuera Ibarra. El 22 de octubre próximo, todos a la Legislatura, a exigir la ratificación de la ley.
M.R.
jueves, 10 de octubre de 2002
Contra el veto de Roggio-Ibarra
Los obreros de Metrovías han iniciado una nueva etapa de la lucha por la vigencia definitiva de la jornada de 6 horas en los subterráneos. Una vez conquistada, con una enorme movilización, la ley que impone la reducción de la jornada, ahora van contra el veto de Ibarra.
El veto respondió exclusivamente a la connivencia del Ejecutivo ibarrista con los intereses de Benito Roggio, la empresa que tiene la concesión del subterráneo. La fundamentación del veto se pierde en divagaciones sobre la constitucionalidad de la ley y sobre la incumbencia o no del Gobierno de la Ciudad en reformas laborales, pero esquiva la cuestión de las condiciones estructurales de insalubridad del trabajo subterráneo.
La Dirección de Protección del Trabajo, que fundamentó el veto, refiere haber iniciado investigaciones sobre las condiciones ambientales en la actividad, esto después de innumerables denuncias de todo tipo que se han acumulado durante varios años. Queda claro que el gobierno de Ibarra es un agente de la "patria contratista" que se nutre del presupuesto capitalino y le ha dado la espalda a los intereses de los trabajadores, de los usuarios y de toda la población que apoya la reivindicación de los trabajadores.
El hecho de que la Comisión de Asuntos Constitucionales haya dado un despacho a favor de la insistencia en la ley en minoría, muestra que la Legislatura está dispuesta a "cajonear" la Ley. El cuerpo de delegados de Metrovías está organizando una nueva movilización masiva para arrancar el voto contra el veto, para el jueves 10 sobre la Legislatura, fecha en que el tema debería volver al recinto para considerar el veto del Ejecutivo. Las asambleas preparatorias por línea están mostrando una disposición de lucha de los trabajadores. Una vez más el destino de esta lucha está en sus manos, ya que la dirección de la Uta no ha mostrado ningún interés real en impulsarla.
La Asamblea Nacional de Trabajadores del pasado 28 y 29, resolvió apoyar la movilización, con una columna de organizaciones piqueteras.
El Partido Obrero apoya esta movilización y llama a convertirla en una gran jornada obrera y popular por el triunfo de los obreros del subte y contra la política del negrero Ibarra, con el aporte de asambleas populares, organizaciones estudiantiles y demás organizaciones sociales.
S. V.
jueves, 26 de septiembre de 2002
Comenzó la movilización contra el veto
Después de haber vetado la "ley de las seis horas" el viernes pasado, Ibarra no se ganó siquiera el respiro del fin de semana. En la tarde del sábado 15, los delegados de Metrovías lo escracharon a la salida del Teatro San Martín, adonde había ido a presentar el "presupuesto participativo". Durante la tarde del miércoles 18, una marcha recorrió el centro de la ciudad con el apoyo de asambleas populares, el Polo Obrero, la Fuba y partidos de izquierda. La movilización llegó hasta la Jefatura de Gobierno, donde fue "recibida" por un inédito despliegue policial. Cerca de los efectivos, los manifestantes expulsaron a elementos provocadores que estaban filmando desembozadamente a los trabajadores presentes.
En la Legislatura, el cuerpo de delegados denunció al director de la Comisión de Asuntos Constitucionales que Ibarra no aportó ninguna razón valedera para el veto.
"A vos te queda poco, Ibarra..."
Ibarra no pudo prescindir ni un solo día de la protección del dispositivo policial. El miércoles, las paredes de Metrovías aparecieron con la leyenda "Ibarra = Roggio". Al día siguiente, la Mesa de Enlace de La Boca y la Cta plantearon: "Ibarra = hambre". Antes, los compañeros de la villa del Bajo Flores marcharon por sus viviendas.
Como Duhalde o el Congreso, el gobierno porteño sobrevive gracias al vallado policial permanente. Entre el repudio popular y la disgregación política de los partidos patronales, Ibarra se ha quedado con cinco diputados sobre sesenta, junto a sus vetos y sus acuerdos con la "patria contratista". Hay condiciones políticas para derrotarlo. Con asambleas por línea, nuevas movilizaciones y escraches, los trabajadores del subte profundizarán en los próximos días esta lucha hasta imponerle el "veto obrero" a la contraofensiva patronal.
M. R.
jueves, 19 de septiembre de 2002
El veto de Ibarra, Roggio y la "patria contratista"
Cumpliendo con la exigencia de Metrovías-Roggio, Aníbal Ibarra vetó la ley que establece la jornada de seis horas para el subte. Según Ibarra, "la insalubridad debe ser resuelta por el área administrativa de Trabajo, luego de la realización de los estudios correspondientes". Pero lo que sobran, justamente, son los "estudios", y principalmente denuncias, sobre la degradación laboral en el subte. Ello, comenzando por las características propias de esta tarea, que llevaron a que desde 1945 hasta 1994 - y con excepción de los períodos dictatoriales - se trabajaran seis horas diarias. Según Ibarra, se le otorgarán "plazos" a la empresa para que "corrija los factores de riesgo laboral". Pero, ¿qué corrección podría introducirse en el nivel de ruido superior a 100 decibeles que existe en todo el trayecto nuevo de la línea D, como resultado de gruesas fallas en su construcción? Ibarra promete "estudiar" la insalubridad en el subte. Pero su gobierno le dio a las patronales vía libre para imponer la más despiadada indefensión obrera en materia de seguridad laboral, como lo revelan las seguidillas de accidentes fatales entre los trabajadores de la construcción.
En realidad, el descaro del "progresista" no tiene límites: si aún en un futuro se estableciera la "insalubridad" ¡Ibarra tampoco piensa aplicar las seis horas! Según señala en los "fundamentos" del veto, los subtes fueron concesionados por el Estado Nacional y, por lo tanto, la Ciudad no tendría facultades para intervenir en los contratos que afectan a la concesión del subte. Ni ley, ni "decreto", ni nada: Ibarra defiende a muerte la "conquista patronal" de la jornada de ocho horas que aplicaron Onganía, Videla, Viola y Menem. El único "principio" jurídico valido es la defensa de la "patria contratista" que gerencia al subte.
Un agente de Roggio, Macri y compañía
Es que la clave del veto se encuentra en los múltiples lazos que unen a la administración "progresista" con los Roggio y las restantes cliques contratistas que operan en la Ciudad. Una semana atrás, Ibarra firmó un decreto autorizando la renegociación por "mayores costos" de todas las obras de remodelación y ampliación que se están realizando en los subtes. En una industria como la de la construcción, que emplea insumos locales, con salarios congelados y acosada por una recesión brutal, los "progres" han admitido ajustar los costos empresarios debido al aumento... "de los insumos importados" (sic). Entre los contratistas beneficiados está, por supuesto, Benito Roggio, también operador del subte. Ya a comienzos de año, Ibarra había premiado al mismo Roggio, a Macri y a los otros "padrinos" concesionarios de la basura con una jugosa renegociación de los contratos de recolección, renovados sin licitación gracias a la ley de superpoderes. No puede considerarse casual, en este cuadro, que sea el mismo Roggio el único posible adjudicatario en la licitación de los cuestionados "reservorios" contra las inundaciones. Ibarra ha dejado chiquitos a los Rodríguez Saá o Romero, en lo que respecta a sus vínculos con grupos contratistas. Y en materia de sometimiento a los privatizadores porteños, se encamina a superarlo a Grosso, aunque seguramente termine igual que él.
Cómo vetamos a Ibarra y Roggio
Ibarra también "fundamenta" el veto a la ley de subtes en la supuesta "falta de facultades" de la Ciudad para legislar sobre la jornada laboral. Según Ibarra, la Ciudad jamás podría legislar, por ejemplo, en materia civil o penal, ya que sus códigos fundamentales también se encuentran reservados al Congreso Nacional. Es decir que cuando se trata de burlar los intereses populares, los campeones de la "autonomía" porteña no vacilan en retrotraer el "status" de la Ciudad, no ya al de una intendencia, sino al de un "territorio nacional" como la Antártida.
Todos los fundamentos del veto han salido de la usina del contratista Roggio que, después de haber fracasado en la Legislatura, consiguió el salvavidas de Ibarra. La Uta, que sólo se "prendió" a la lucha por la aprobación de la ley en su tramo final, no movió un dedo para desplegar una movilización de alerta contra el veto, como sí lo hizo el cuerpo de delegados de Metrovías. En este mismo sentido actuó la movilización de las trabajadoras del subte, a quienes la patronal pretendió enfrentar con los delegados. Sobre esta base, la lucha por las seis horas continuará desplegándose en todos los planos. En el terreno legislativo, el Partido Obrero trabajará por la ratificación y promulgación definitiva de la ley. En el plano de la acción directa, está planteado un plan de lucha que debe convocar a todo el transporte, a las asambleas, a las fábricas ocupadas y al movimiento piquetero Defender las seis horas, defender a los compañeros del subte se ha vuelto, a esta altura, una cuestión que interesa a todos los movimientos de lucha de la ciudad. Se trata, en definitiva, de "vetar" a un gobierno que, bajo la máscara del "progresismo", enfrenta cotidianamente a los desocupados, a los sin techo, a los trabajadores de la Ciudad. Todo el transporte, las asambleas barriales, las fábricas ocupadas y los piqueteros tienen que estar con el subte. Para quebrar el "veto". Y con él, a los Ibarra, Macri y Roggio, para que se vayan y gobierne una constituyente en la ciudad.
M.R.
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