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jueves, 8 de septiembre de 2011

Cristina Kirchner: subsidios para Roggio, "palos" para los trabajadores del subte

Sabíamos que la Presidenta no era ‘revolucionaria’, pero no que se valiera de ello para atacar la libertad sindical y el derecho de los trabajadores a la salud. Cristina Kirchner busca su segundo mandado renegando del “peronismo revolucionario” como lo encarnó John William Cooke y el peronismo combativo.
Cristina, Roggio y De Vido

¿Pero por qué atacar en público a los obreros del subte, cuando los reclamos se discuten en el Ministerio y cuando hay un compromiso del Ministerio para resolverlos? ¿A quién le está hablando: a la UIA y a los bancos; a la burocracia sindical que enfrenta al sindicato independiente del Subte? ¿Es un anuncio anticipado de la orientación de su próximo mandato de gobierno?

La presidenta Cristina Kirchner arremete contra los trabajadores del Subte, pero no contra los capitalistas que se están llevando 2500 millones de dólares de las reservas del Banco Central, pero por sobre todo de la Anses -los mismos jubilados que también pagan la deuda usuraria de los bancos quebrados del país y del exterior.

El reclamo de una modificación al método de carga de la tarjeta Sube es merecedor, para la Presidenta, de una crítica pública. ¿Mucho, no? Dice que la defensa de la salud -en este caso, la tendinitis- sería una actitud “egoísta e insolidaria”. Sin embargo ayer, en el Ministerio de Trabajo, se firmó un acta que establece la modificación del sistema de carga.

El desprecio por la tendinitis es, en realidad, una cortina de humo. La Presidenta sabe que hay otros reclamos justos que esperan respuesta, como un franco semanal más para los trabajadores del Subte que los equipare con el resto de los trabajadores del país -actualmente trabajan seis días por semana- y un plan de recategorizaciones que abarque a todos los trabajadores. El reclamo debería ser generalizado para el subte y para todos los trabajadores del transporte del país. Los empresarios como Roggio, quienes niegan este derecho, reciben del Estado subsidios millonarios.

La Presidenta faltó a la verdad cuando dijo que “éstos de la tendinitis son a los que le reconocimos la libertad sindical”. El sindicato del subte, AGTSyP, ha visto postergado su reconocimiento gremial por más de dos años. Luego de ese largo período, solamente se reconoció la simple inscripción como sindicato de empresa -lo cual le niega el derecho a negociar y firmar convenios, acordar salarios o intervenir como representación de los trabajadores en los conflictos. El tono de las palabras de la Presidenta deja ver que se arrepiente de ese reconocimiento y que seguirá negando el derecho propio de toda organización sindical.

La reivindicación, por parte de la Presidenta, de su “padre colectivero” sería más consecuente si se sumara al reclamo de las seis horas de trabajo para los choferes, dada la condición insalubre de la conducción del transporte.

Cristina Kirchner asegura que “con gobiernos como el que ella encabeza, ser revolucionario es lo más fácil que hay”. Debería ser al revés, si -como reitera siempre que puede- su gobierno está transformando el país. Lo que ‘facilita’ ser revolucionario, señora Presidenta, es la disposición de lucha de nuestro pueblo por sus derechos, como lo demuestran los trabajadores de Metrovías.

G.S.

martes, 19 de abril de 2011

ATM y el Frente de Izquierda

Desde la Agrupación Trabajadores de Metrovías saludamos la conformación y lanzamiento del Frente de Izquierda y los Trabajadores, presentado públicamente el pasado jueves 14 de abril en el hotel Bauen, con motivo de las próximas elecciones presidenciales, de diputados y senadores nacionales y provinciales.

Entendemos la necesidad de esta conformación de cara a impulsar una alternativa electoral que se convierta en punto de reagrupamiento  para aquellos luchadores y compañeros que buscan concretar sus reclamos en base a la independencia política del Estado, las patronales y la burocracia sindical.

En el Subte, la experiencia transitada por los compañeros al calor de la lucha por las 6 horas por insalubridad (proyecto de ley), así como antes de ello el intento de eliminación del puesto de guarda (declaración de solidaridad), ha constituído una valoración indeleble y altamente positiva, la cual permitió la movilización y la lucha de los trabajadores por sus reivindicaciones. Asímismo, vale destacar otras iniciativas que surgieron desde la bancada defendida en su momento por Jorge Altamira y que contó con el acompañamiento de otros legisladores de izquierda: defensa de fábricas recuperadas (Brukman,etc.), comisiones de higiene y seguridad por trabajadores con poder de veto, vacunación gratuita contra la hepatitis A, financiación de viviendas a tasa cero, proyecto de salario mínimo, efectivización de pasantes, tercerizados y precarizados, etc.

Apoyamos este frente en la continuidad a la reciente experiencia de la lista Naranja-Bordó-Violeta de la AGTSyP, destacando la necesidad de una delimitación y superación para con las corrientes adaptacionistas y funcionales a la política del Ministerio Tomada, de Yasky y que actuán como colectoras del kirchnerismo al mejor estilo Sabatella. Asímismo también denunciamos el seguidismo patronal que variantes como Proyecto Sur terminan actuando como furgón de cola del capital sojero y minero.

Es por ello que llamamos a los compañeros y compañeras del Subte a apoyar el desarrollo de este frente en la defensa del salario, del 82% móvil, el fin de la tercerización, la expulsión de la burocracia sindical y el juicio y castigo a todos los responsables del crimen de Mariano Ferreyra.

ATM

jueves, 12 de noviembre de 2009

Subte: igual que la batalla por las seis horas

No circuló una mosca, no digamos ya un tren, por las vías del subte. El parazo, que abarcó la jornada completa, colocó a la lucha por el reconocimiento sindical en el centro de la situación política y al Cuerpo de Delegados de Metrovías, objetivamente, como un eje de reagrupamiento de la vanguardia del movimiento obrero que lucha y rompe con los aparatos de la burocracia sindical.

El paro fue un progreso de la fuerza actuante de los trabajadores. Participaron activamente centenares de compañeros, ya no sólo de tráfico –el núcleo duro– sino de boleterías, auxiliares y los trabajadores de limpieza e instalaciones fijas de los turnos nocturnos. Con el apoyo activo de organizaciones solidarias, sindicales, estudiantiles y políticas, los andenes fueron cubiertos por centenares de huelguistas; por momentos no cabía un alfiler.

Piquetes de trabajadores garantizaron en las estaciones que la empresa no moviera los trenes con personal jerárquico. Los intentos patronales en ese sentido fueron más intensos que en otros paros, para alimentar una campaña mediática, en el sentido de que la huelga es impuesta por un grupo minoritario que corta las vías. No se movió un tren.

Durante la prolongada jornada, permanentes asambleas evaluaban la marcha del paro y daban la palabra a los representantes de organizaciones solidarias presentes. No se recuerda, dicen, un paro tan importante desde las grandes luchas por la jornada de 6 horas, o por la incorporación de las tercerizadas a la empresa, triunfos que se impusieron con huelgas de tres y cuatro días.

Un elemento a destacar fue la ausencia física de la policía y de la patota, que esta vez no bajó a los túneles. En su lugar, se puso en marcha un operativo intimidatorio político legal muy fuerte y de alcance general. El Ministerio de Trabajo sacó una resolución declarando “servicio esencial” al subte, puntualmente para este conflicto, e intimó a la empresa a garantizar servicios mínimos de emergencia. La empresa envió miles de telegramas de advertencia a los huelguistas e inició acciones penales contra los trabajadores. Patronal y gobierno marcan la cancha con vista a los futuros acontecimientos, incluso para marcarle la cancha a un nuevo sindicato que se vieran obligados a inscribir. Por su parte, Metrovías absorbería el descuento del 1% de la UTA, una echada de lastre.

Pero el dato central del operativo lo colocó Moyano al salir al apoyo público a la burocracia de la UTA y al convocar a una marcha a Plaza de Mayo en defensa del modelo sindical vigente y contra el “clima social enrarecido de desestabilización” contra el gobierno K. Es evidente que la mira está apuntando a los luchadores del subte, a los de Kraft, y a todas las luchas obreras que, en todo el país, están marcando una tendencia al reagrupamiento clasista y antiburocrático en el movimiento obrero.

Sobre el cierre del paro, una reunión de delegados por línea hizo un balance y consideró la continuidad del movimiento. La mayoría de las posiciones se orientó a un nuevo paro por 48 horas la semana próxima y también se resolvió poner a consideración de las asambleas de líneas la convocatoria a una movilización con participación de todas las organizaciones que se identifican con esta lucha. Como nunca antes, en un claro efecto post Kraft, la simpatía obrera con las organizaciones estudiantiles y de izquierda fue total y en todas las líneas.
Al cerrar esta nota, las asambleas consideraban estas posiciones.

Una nutrida asamblea de la Línea B votó por un nuevo paro de 24 horas y la convocatoria a una movilización popular al día siguiente o en el anterior, para no abandonar el puesto de lucha nunca. Su deliberación fue una escuela política o, más bien, el reflejo de la escuela política que es todo el proceso del Subte. Los activistas fundamentaron la necesidad de ganar la calle poniéndose a la cabeza del vasto movimiento que encuentra en la causa del subte su propia causa por una nueva dirección en el movimiento obrero, como contrapartida de la marcha de la CGT. Minutos antes se habían retirado los delegados de Ecotrans y de otra línea de la UTA, todos los cuales con Kraft, con los movimientos antiburocráticos, con los estudiantes que hicieron el aguante, con la izquierda, conformarían un canal de masas. Un activista reflexionó sobre la CTA, a la que ve por momentos con “apoyos verbales que debería llevar a la práctica” y le reclamó al Cuerpo de Delegados poner los puntos sobre las íes ante los dirigentes de la CTA.

La conciencia de que esto se arranca con lucha, contra la voluntad del gobierno, es total. La profundización de la lucha está presente entre todos, nadie descarta que la Justicia resuelva a favor, y hasta el propio gobierno, pero al igual que con las seis horas, arrancando la conquista con la huelga.

Este debate sobre la extensión del conflicto y el llamado a una movilización obrera y popular es un fuerte signo de como la lucha del subte registra la evolución de la situación política y tiende a colocarse como alternativa al operativo K -moyanista de sofocación de las luchas obreras.

C. de M.

viernes, 12 de junio de 2009

Trabajadores del subte vuelven a la lucha

Los trabajadores del subte realizaron, el jueves 29, una importante movilización por la reducción de la jornada laboral a 6 horas: desde las 10 de la mañana, 200 compañeros concentraron en la puerta de la Legislatura y luego en la Jefatura de Gobierno, en el marco de una gran combatividad.
Cerca del mediodía se encolumnaron hacia la Policía de Trabajo para reclamar una urgente definición sobre la demorada Resolución de Insalubridad. En esta ocasión, la Uta acompañó con unos 150 afiliados. Aquí, la delegación del sindicato con los delegados paritarios se encontró con una nueva dilación.
Este nuevo manoseo y la revelación de un informe médico del Hospital Roca (que realizó los estudios audiométricos a instancias de la Policía de Trabajo), que certifica que el 95% de los trabajadores examinados tienen lesiones auditivas (la mayoría de gravedad), aumentaron la bronca. En las asambleas por sector se están planteando nuevos barbijazos y otras medidas de lucha y el mandato al Cuerpo de Delegados para que convoque al paro cuando se cumplan los plazos con que cuenta la Policía de Trabajo para expedirse (unos diez días aproximadamente).
Con la conformación de las Comisiones de Base junto al Cuerpo de Delegados, se fortalece la organización por la conquista de las 6 horas y el conjunto de todas las reivindicaciones.


Corresponsal

viernes, 16 de septiembre de 2005

Impactante estreno de “Así es el Subte”

Con un debate esclarecedor

E
l estreno de la película del Ojo Obrero “Así es el Subte…” fue un acontecimiento en el ámbito de la vanguardia obrera de la Ciudad. Afiches y volantes, pegados en andenes, boleterías y carteleras, popularizaron la actividad entre los trabajadores de Metrovías. Sesenta de ellos y gran parte del Cuerpo de Delegados se dieron cita en el Cine Tita Merello, junto a una concurrencia de 300 trabajadores, que incluyó a delegados y activistas telefónicos, ferroviarios, gráficos, periodistas, de comercio, estatales, de la sanidad, docentes universitarios y activistas piqueteros.
La película, de 30 minutos de duración, es un muy buen documental, no sólo desde el punto de vista cinematográfico, sino también por su contenido sindical y político. Abarca un período largo de luchas de los trabajadores de los subterráneos de Buenos Aires, con centro en la recuperación de la jornada laboral de 6 horas y en la última huelga de febrero-marzo de 2005 por el aumento salarial y la efectivización de los trabajadores tercerizados de la limpieza.
Por su impacto y su contenido clasista se destacan las escenas que muestran la presión de la movilización obrera sobre el parlamento de la Ciudad, por la aprobación de la ley de la jornada de 6 horas por trabajo insalubre. O aquellas donde elementos de la patronal, tratan, infructuosamente, de mover los trenes en la última gran huelga. Se destaca, especialmente, la filmación en directo de la asamblea, donde los trabajadores increpan a los burócratas de la UTA por firmar un acuerdo a espaldas de las asambleas obreras e intentar levantar el paro por televisión.
El impacto de la película, que emocionó a los compañeros de Metrovías, se revela en los pedidos que se han producido de que se proyecte para los compañeros que no la vieron.

Al finalizar la proyección, se abrió un debate, sobre la base de una mesa compuesta por los delegados Beto Pianelli, Andrés Fonte y Charly Pérez, y el ex legislador de la Ciudad que presentara el proyecto de ley mencionado, Jorge Altamira.

Los delegados desarrollaron el ángulo de las conquistas obtenidas, no sólo como reivindicaciones, sino como golpes al sistema patronal de explotación en el país, que cuenta con la complicidad de las burocracias sindicales. A la flexibilidad laboral, a la política de despidos sistemáticos, al dominio despótico de los aparatos sindicales sobre los trabajadores. Fonte relató los comienzos de la organización del activismo, en el período de derrota, que luego dio lugar a la expulsión, prácticamente, de la burocracia de UTA del cuerpo de delgados. Charly Pérez aportó cómo en las primeras etapas de todo este proceso, agrupaciones como El Túnel y Trabajadores de Metrovías confluían en la lucha contra los despidos, al tiempo que debatían posiciones y distribuían materiales, que politizaban y ayudaban a madurar a un gran activismo antiburocrático.

Beto Pianelli reivindicó como un factor de la lucha del subte la experiencia política “acumulada” en un grupo de activistas, que vienen de experiencias militantes partidarias de izquierda. Pero subrayó que la dinámica fundamental de las luchas del “nuevo” movimiento obrero combativo, está dada por la solidaridad de clase y la lealtad incondicional con el compañero de pelea.

Altamira, por su lado, introdujo otro ángulo. Luchas como las de Metrovías, telefónicos y más inmediatamente, la resistencia de Zanón o la lucha de los jóvenes obreros de los supermercados, dijo, plantean desde el inicio un enfrentamiento político estratégico con el Estado. La burguesía está jugada a fondo por reconstruir su dominio a diciembre de 2001, el del Estado, el de la dictadura patronal de la vida en la empresa —que perdió, por ejemplo, en los subterráneos y en los edificios telefónicos—, el de la propiedad de las empresas ocupadas por los trabajadores. Todo un espectro de sindicatos, internas, piqueteros, en sentido opuesto, combaten a pie firme por mantener las conquistas del “Argentinazo”. En este enfrentamiento que es “de poder”, en tanto posiciones de clase irreconciliables, el régimen kirchnerista ha obtenido algunos triunfos, como es la firma de decenas de convenios flexibilizados, la captura por personeros del oficialismo de gran parte de las fábricas de “gestión obrera”, la cooptación política de una parte del movimiento piquetero, de las centrales sindicales y los organismos de derechos humanos.
Este cuadro plantea, propuso Altamira, la apertura de un debate entre los obreros y sindicatos en lucha, en el movimiento piquetero, en la izquierda, de carácter estratégico. Con qué estrategia, con qué programa y con qué organización enfrentamos al Estado y al régimen K. Incluyendo una coordinación de todos estos sectores, para continuar la lucha en común y debatir las bases de construcción de lo que no es otra cosa que un gran partido de la clase obrera.

jueves, 4 de noviembre de 2004

LA CAMPAÑA POR LAS SEIS HORAS

Un planteo kirchnerista

Un conjunto de organizaciones y dirigentes provenientes del MAS, PTS, PC, MST, con el acompañamiento de una fracción del cuerpo de delegados de Metrovías, ha dado a conocer una Declaración constitutiva de lo que llaman “Movimiento por la reducción de la jornada laboral a seis horas y aumento general de salarios”.

Es, sin exageración alguna, un documento kirchnerista. El lector puede comprobarlo con sus propios ojos, yendo al www.metrodelegados.com.ar. En sus más de 7.000 espacios no se encontrará ninguna condena del gobierno o de su estrategia: la reconstrucción de la burguesía nacional y el acuerdo con el imperialismo.

La expresión siguiente es la medida de la Declaración: “Bajo la presión del FMI, los bonistas y el G7, las Corporaciones internacionales y los grandes grupos económicos locales, el gobierno nacional no establece un programa que tenga como prioridad resolver los problemas más angustiantes de los trabajadores”. Es decir, bajo los pliegues del gobierno que anida en la Casa Rosada podría estar madurando una alternativa “nacional y popular”. Es lo que plantea la llamada izquierda “transversal”.

“Establecer” un programa cuya “prioridad” sea resolver los problemas de la clase obrera y el pueblo no corresponde a la naturaleza del gobierno, que se ha trazado el objetivo de reconstruir el capitalismo (y el Estado) a expensas de los trabajadores y las clases populares. La posibilidad que admite la Declaración no se corresponde con un gobierno que, junto con su predecesor Duhalde, ha impuesto el mayor ajuste fiscal desde la crisis de 1890 por medio de la devaluación y el congelamiento relativo de los salarios. Una política que ha hecho intervenir al Estado como pocas veces en la historia para mantener un nivel extraordinario de confiscación al pueblo a fin de pagar la deuda pública y promover los negocios de los capitalistas locales. Este rescate del Estado y la burguesía nacional a costa de las masas prepara el escenario de una próxima rebelión popular.

Los autores de la Declaración debaten sobre si la campaña debe girar en torno a una o cinco consignas, lo que es absolutamente irrelevante si se aprecia el carácter del planteo que encubre el reclamo por las seis horas.

¿“Política de empleo”?

Textualmente dice la Declaración: “En torno a esta propuesta se puede articular una política de empleo”. Frente a la desocupación masiva, ¿los trabajadores deben explicarle al capital los métodos para resolver el empleo, o, en cambio, desenvolver la lucha de clases para arrancar sus reclamos? La declaración quiere una salida legislativa y oficial. Este planteo se parece como dos gotas de agua al de la CTA para que el Estado “redistribuya los ingresos”.

La Declaración señala que “durante el primer año del gobierno Kirchner la economía creció fuertemente” y “sin embargo (sic), la desocupación se mantiene en el orden del 20%”. Al revés: la economía creció gracias a la desocupación y a la reducción salarial. ¿Para que está el gobierno capitalista si no es para consumar el extraordinario aumento de la explotación que surge de ésta y otras cifras? (Con el mismo número de obreros se acrecentó un 20% la producción industrial, contra salarios que pueden comprar un tercio menos de bienes que tres años atrás.) Ninguna paradoja. El gobierno K asegura este proceso capitalista de reactivación con la enorme devaluación, el congelamiento y el agravamiento del infierno laboral.

¿Y la reforma laboral?

Una expresión desnuda por sí sola el carácter del planteamiento: “En esta etapa el capital, a la par que excluye de la producción y el consumo a millones de trabajadores, a los que continúan trabajando los somete a la superexplotación”. ¿”El capital”? Los mentores de la campaña por las seis horas no dicen que el gobierno es responsable de la reforma laboral Banelco II que preservó, para “el capital”, el edificio íntegro de la flexibilidad laboral montado en los últimos veinte años. (Esto es una prueba, por otra parte, del carácter omnipresente de la CTA en la convocatoria. La CTA fue virtual firmante de la reforma laboral del gobierno K y propugna en Metrovías la “libertad sindical” que, en el subte, identifica a la corriente partidaria de montar un sindicato de la CTA paralelo a la UTA.)

De todos modos, el documento no traza ningún tipo de delimitación con la burocracia sindical que hoy está enfeudada en un 90% al gobierno, lo que podría llevar a suponer que la lucha por la reducción de la jornada laboral podría progresar de la mano de Hugo Moyano y Víctor De Gennaro.

Los jueces y el trabajo en negro

El desbarranque de la Declaración es homogéneo. No hay punto que pueda ser rescatado de la catástrofe conceptual y política. Plantea “denunciar la judicialización de la protesta social” cuando es el gobierno, que ha puesto en marcha todos los resortes camarillescos del Estado para enjuiciar a piqueteros y luchadores, el responsable de la represión, y no solamente los jueces. El esfuerzo que ponen en la adaptación política a los capitalistas es tal que los 350 pesos que se reclaman como asignación por los planes son definidos “como un piso para el salario de los trabajadores en negro”, que es lo que ha hecho la patronal.

Por esta razón, la campaña por las seis horas parida en el Bauen es un fuego de artificio armado por un conjunto de corrientes cuyo punto de encuentro es destruir el agrupamiento reivindicativo y político contenido en la Asamblea Nacional de Trabajadores (ANT).

jueves, 15 de abril de 2004

TODOS SOMOS METROVIAS Y TDO

Santa semana, si las hubo! Primero, los compañeros del subte de Buenos Aires, que conquistaron la jornada de 6 horas, hicieron morder el polvo de la derrota a la conspiración montada entre el Ministerio de Trabajo y la burocracia de UTA.

Por medio de un convenio firmado a espaldas de los trabajadores pretendían promover un despido masivo de trabajadores.

Invocaban para ello una ‘innovación tecnológica’ que no planteaba ninguna ‘innovación’ en las vetustas instalaciones de los talleres, ninguna renovación en las vías, ningún cambio real de vagones, ni siquiera en la señalización o normas de salud y seguridad.

La burocracia de la UTA había pretendido imponer la renuncia a las seis horas.

Luego de haber tenido que recular durante varios años ante la ofensiva patronal, la derrota de los Roggio por la organización que encabeza el cuerpo de delegados marca un principio de viraje en la tendencia del conjunto del movimiento obrero.

La lucha de Metrovías fue apoyada por una gran movilización piquetera.

Los desocupados concurrían a la solidaridad con los ocupados cuando lo habitual, bajo el capitalismo, es que sean forzados a actuar como rompehuelgas.

Segundo, la lucha enérgica y victoriosa de Metrovías conmovió las entrañas de otro gran sector obrero, los choferes de TDO, sus compañeros de sindicato.

El lunes 12 conmovieron al país ocupando Plaza de Mayo con casi un centenar de colectivos y más de mil choferes y sus familias.

Venían a denunciar la trenza de las intendencias, los buitres del transporte y la patronal vaciadora que ha vaciado la empresa.

Venían a denunciar los subsidios del gobierno, no a los trabajadores, sino a los vaciadores.

Venían a defender salarios, puestos de trabajo y la misma empresa, y si es necesario a que sea expropiada y entregada a los trabajadores.

El miércoles 14 volvieron a la Plaza y organizaron un acampe.

Es que se trata de una lucha entre la vida y la muerte.

Metrovías y TDO no eran sino una réplica de los petroleros de Santa Cruz y de las piqueteras de Caleta Olivia, que acaban de imponer una sonora victoria contra las Repsol que acaparan el gas contra el pueblo.

La réplica de los obreros de Gatic que, en San Martín, Pigüé y Coronel Suárez reclaman la puesta en marcha de la fábrica con cooperativas y gestión obrera.

Los piqueteros de puertas adentro se han puesto definitivamente en marcha.

jueves, 8 de abril de 2004

Metrovías: Gran victoria obrera

Después de cuatro días de huelga, los trabajadores de Metrovías lograron un resonante triunfo.

El ministro de Trabajo tuvo que reconocer las 6 horas para todo el personal de Metrovías. Esto significa, en los hechos, la derogación del acta firmada entre la patronal y la burocracia de la UTA, que establecía que los boleteros deberían cumplir una hora extra diaria “con carácter obligatorio” (acta-‘acuerdo’ firmada el 1º de abril); es decir, una jornada de 7 horas.

También dio marcha atrás con el punto que autorizaba a la patronal a instalar de inmediato máquinas expendedoras de boletos que reemplazan trabajo obrero. Se constituyó una “comisión para analizar el plan de inversiones, con el fin de mantener y renovar el material rodante garantizando la mejor prestación del transporte de pasajeros”, que analizará cuándo, cómo y con qué garantías se autorizará la instalación de las expendedoras.

Esta resolución surgió luego de que Carlos Pérez, delegado del taller Rancagua, denunciara en el Ministerio la precariedad del mantenimiento de los trenes, lo que pone en peligro la seguridad de trabajadores y pasajeros. La comisión tendrá un veedor elegido por los obreros.

Por supuesto que la clave de la victoria fue la reincorporación del centenar de compañeros despedidos y el levantamiento del pedido de desafuero a los delegados.

El Cuerpo de Delegados fue reconocido como representante de los trabajadores. En la negociación, el Cuerpo de Delegados estaba en una habitación y las delegaciones de la patronal y de la burocracia de UTA estaban en otra; el ministro mediaba entre ambos sectores.

Huelga en ascenso

La huelga se venía fortaleciendo sistemáticamente. Cada hora se integraban más trabajadores a los piquetes en las cabeceras para impedir la salida de los trenes. Se constituyeron comisiones de solidaridad con vecinos, piqueteros y estudiantes en cada una de las cinco cabeceras.

Los intentos patronales para quebrar la lucha fracasaron. Intentó desalojar los túneles ocupados por los obreros con la policía, montar provocaciones usando la bronca de los pasajeros, mover trenes por tramos cortos con jefes.

Todo esto fracasó por la firme resistencia obrera y el creciente apoyo popular. Entre los colectiveros, también afiliados a la UTA, hubo una fuerte corriente de simpatía hacia los huelguistas del subte. Cuando se preanunciaba el triunfo, los colectiveros que pasaban frente al Ministerio de Trabajo tocaban bocinazos de apoyo y festejo. Lo mismo ocurría en las cabeceras de las líneas de colectivos.

Derrota de la flexibilidad laboral

La huelga derrotó la política de flexibilización y precarización laboral de la nueva reforma laboral de Kirchner, sucesora de la Ley Banelco.

Tanto o más importante, la huelga derrotó el intento de la patronal y de la burocracia de quebrar al Cuerpo de Delegados, representación de los trabajadores del subte, que encabezó la lucha por la reconquista de las seis horas.

Se ha obtenido una gran victoria, tanto con respecto a las condiciones de trabajo, como a la defensa de la organización obrera.

Junto con las luchas de Santa Cruz, los municipales de la Capital, los trabajadores de Carrefour y, en otro plano, el enorme progreso de la Naranja en el gremio gráfico, la victoria de la huelga de Metrovías contra la patronal, la burocracia y el Estado, lograda con los métodos piqueteros de la huelga, la ocupación y el piquete, muestra que en el movimiento obrero se está abriendo una nueva etapa.

jueves, 26 de febrero de 2004

Histórico triunfo en el Premetro

El 10 de febrero se firmó la reducción a 6 horas de la jornada para los conductores del Premetro, como también para los compañeros de instalaciones fijas que desempeñan sus tareas en dicho ámbito (señalistas, vías)
Con los mejores convenios, cuando los demás sectores tenían jornada de 6 horas por estar bajo tierra, el Premetro tenía 7 horas para por estar en la superficie. Con este argumento, la UTA ignoraba el reclamo.
Esta conquista es producto de la firmeza de los trabajadores del Premetro, que lucharon aplicando de hecho la jornada: llegaban las 6 horas y marcaban su tarjeta, y se retiraban del trabajo. El apoyo del Cuerpo de Delegados fue total. Se realizaron asambleas de líneas, que votaron parar con el Premetro si la patronal contraatacaba.
La actitud de los trabajadores del Premetro abrió la vía para la aprobación de las 6 horas en los sectores que faltan: Boleterías, Medalla, Florida y taller Polvorín. Puntos que están en la agenda de las negociaciones con la empresa en el mes de marzo. En el caso de boleterías, el Cuerpo de Delegados resolvió recorridas y asambleas en todas las líneas para preparar las condiciones para esta próxima conquista.

Ascensos y promociones

Con la nueva jornada de trabajo se produjeron ascensos masivos de categoría, de boleteros a guardas y de guardas a conductores. La empresa promocionó a los trabajadores con una política claramente discriminatoria, dejando fuera de los ascensos a activistas que lucharon por todas las reivindicaciones.
El convenio firmado por la UTA en 1994 no fija un procedimiento de ascensos y promociones, dejando que la empresa utilice el dedo, como un arma política para sancionar o premiar.
Está planteado que el Cuerpo de Delegados tome este punto, tan sentido por los compañeros, en las próximas negociaciones con la empresa, respetándose la antigüedad como referencia para las promociones y el ejercicio de la tarea en categorías superiores.

Bolsa de trabajo

Junto con esto se abre también el tema de la incorporación de personal. La empresa ha incorporado 200 trabajadores sobre 400 que se necesitan para el tercer turno. Y lo ha hecho con aspirantes propuestos por las jefaturas.
Es necesario que intervengan los trabajadores que conquistaron las 6 horas en la incorporación de una proporción de nuevos empleados, mediante una bolsa de trabajo controlada por el Cuerpo de Delegados.
Ch.P.

Histórico triunfo en el Premetro

El 10 de febrero se firmó la reducción a 6 horas de la jornada para los conductores del Premetro, como también para los compañeros de instalaciones fijas que desempeñan sus tareas en dicho ámbito (señalistas, vías)

Con los mejores convenios, cuando los demás sectores tenían jornada de 6 horas por estar bajo tierra, el Premetro tenía 7 horas para por estar en la superficie. Con este argumento, la UTA ignoraba el reclamo.

Esta conquista es producto de la firmeza de los trabajadores del Premetro, que lucharon aplicando de hecho la jornada: llegaban las 6 horas y marcaban su tarjeta, y se retiraban del trabajo. El apoyo del Cuerpo de Delegados fue total. Se realizaron asambleas de líneas, que votaron parar con el Premetro si la patronal contraatacaba.

La actitud de los trabajadores del Premetro abrió la vía para la aprobación de las 6 horas en los sectores que faltan: Boleterías, Medalla, Florida y taller Polvorín. Puntos que están en la agenda de las negociaciones con la empresa en el mes de marzo. En el caso de boleterías, el Cuerpo de Delegados resolvió recorridas y asambleas en todas las líneas para preparar las condiciones para esta próxima conquista.

Ascensos y promociones

Con la nueva jornada de trabajo se produjeron ascensos masivos de categoría, de boleteros a guardas y de guardas a conductores. La empresa promocionó a los trabajadores con una política claramente discriminatoria, dejando fuera de los ascensos a activistas que lucharon por todas las reivindicaciones.

El convenio firmado por la UTA en 1994 no fija un procedimiento de ascensos y promociones, dejando que la empresa utilice el dedo, como un arma política para sancionar o premiar.

Está planteado que el Cuerpo de Delegados tome este punto, tan sentido por los compañeros, en las próximas negociaciones con la empresa, respetándose la antigüedad como referencia para las promociones y el ejercicio de la tarea en categorías superiores.

Bolsa de trabajo

Junto con esto se abre también el tema de la incorporación de personal. La empresa ha incorporado 200 trabajadores sobre 400 que se necesitan para el tercer turno. Y lo ha hecho con aspirantes propuestos por las jefaturas.

Es necesario que intervengan los trabajadores que conquistaron las 6 horas en la incorporación de una proporción de nuevos empleados, mediante una bolsa de trabajo controlada por el Cuerpo de Delegados.

Charly Perez

jueves, 22 de enero de 2004

El camino de las 6 horas

La aplicación de la jornada de 6 horas que coronó la gran lucha de los trabajadores del subte es resistida por la patronal de todas las maneras posibles. La empresa apeló la medida y también las resoluciones judiciales que obligaron a aplicar el insalubre hasta tanto se pronuncien definitivamente los organismos técnicos. Mientras tanto no paga los aportes previsionales correspondientes al nuevo régimen, ni el plus por trabajo nocturno, que considera eliminado por la reducción horaria. Ni ha incorporado todo el personal necesario para el funcionamiento del nuevo turno, tratando de suplir las falencias con nuevos diagramas horarios, modificación de vacaciones y otras medidas que perjudican a los trabajadores. Otra provocación patronal, es la arbitrariedad en la promoción interna de boleteros a guardas y conductores, desconociendo antigüedades y castigando notoriamente a los activistas más reconocidos.
Pero la situación más conflictiva se produce en los sectores que quedaron fuera de la consideración de la insalubridad en el decreto del gobierno porteño, talleres de superficie, boleterías; Premetro. Los trabajadores del Premetro acaban de protagonizar una importante lucha, cuando decidieron ellos también trabajar 6 horas y retirarse. La patronal amenazó con descontarles las dos horas, los obreros anunciaron un paro apoyado por el resto de las líneas en asambleas y denunciaron a la empresa por no garantizar el servicio de Premetro hasta las 21 horas.
La patronal reculó, en Premetro se trabaja 6 horas y dos horas las pagará como extras. Ahora los trabajadores reclaman un único pago como en el resto de los sectores, porque el pago de extras es precario.
Este y otros choques han abierto una situación de conflictividad. El Cuerpo de Delegados ha empezado a discutir con la gerencia de personal la jornada de trabajo de 6 horas para la totalidad de los sectores, incluyendo las boleterías. Junto a otros reclamos como el ingreso del personal necesario, el pago correcto de la antigüedad, más delegados y el pago de los permisos gremiales, el reconocimiento del Cuerpo de Delegados como la representación directa de los trabajadores.
No hay que olvidar que esta empresa concesionaria, está recibiendo un incremento millonario en los subsidios que paga el Estado, con lo cual no pone un mango de su bolsillo para estas reformas necesarias. Esto mientras aumentan los usuarios y la recaudación y la extensión de líneas y nuevas estaciones también es financiada con dinero público.
La consigna es 6 horas para todos. El método, el de siempre, el reclamo apoyado en las asambleas de las líneas y la preparación de un plan de acción para garantizar las conquistas.


Charly Pérez - S.V.

jueves, 27 de noviembre de 2003

En subterráneos no hay marcha atrás

Los trabajadores de subterráneos están aplicando la jornada de 6 horas por insalubridad, en oposición a un dictamen de la jueza Lago que cuenta con el apoyo del Gobierno de la Ciudad y la directiva de Uta. El dictamen dispuso una prórroga de 30 días, en los que la empresa podría otorgar horas extras (que, dicho sea de paso, no son obligatorias), para recién después aplicar la jornada de 6 horas.
El Cuerpo de Delegados consideró que todos los plazos estaban largamente agotados. Por eso sus abogados apelaron la resolución judicial y los trabajadores abandonan sus puestos de trabajo a las 6 horas en punto, en todos los sectores afectados.
La patronal apeló en su momento la aplicación de la nueva jornada al Consejo Federal del Trabajo, con la intención de que durante su tratamiento en dicho organismo se siguiera trabajando 8 horas. Los trabajadores le salieron al cruce. Dos recursos de amparo de sendos delegados dieron lugar a dos medidas cautelares de la Justicia que obligan a la empresa a aplicar la jornada de 6 horas desde el momento en que salió la resolución del Gobierno de la Ciudad.
La patronal apeló estos amparos y el Cuerpo de Delegados es consciente de que cualquier marcha atrás de la Justicia en este punto significa la vuelta a la lucha.
Los trabajadores no van a aceptar de ninguna manera perder una conquista histórica que coronó más de tres años de duras luchas.
Hacia la Conferencia Sindical del Polo Obrero, una importante representación de trabajadores de los subterráneos de Buenos Aires llevará la experiencia de esta lucha.


Ch. P. y S. V.

jueves, 6 de noviembre de 2003

Se largó la jornada de seis horas


En los subterráneos de Buenos Aires se largó con la jornada de 6 horas, un triunfo histórico de los trabajadores.
El 31 de octubre venció el plazo para la aplicación de la nueva jornada horaria, tanto en términos de las resoluciones gubernamentales, como judiciales. Dos jueces rechazaron las apelaciones de la empresa contra la medida.
Cuando una nueva jueza otorgó otra prórroga a Metrovías para la implementación ÿlo que fue aceptado por la Policía de Trabajo de la Ciudad y por la directiva de la Utaÿ, el cuerpo de delegados consideró que todos los plazos estaban agotados, que la empresa se tomó más de dos semanas para empezar las mínimas medidas de contratación y entrenamiento de nuevo personal, y que los factores de insalubridad siguen actuando sobre los compañeros. Por eso, a partir del sábado 1°, en la totalidad de las líneas y talleres se empezó el cumplimiento de la reducción de la jornada.
Por supuesto que, en este cuadro de absoluta responsabilidad de la patronal, han comenzado los atrasos en el tráfico y otros problemas.
Es que la empresa se ha mostrado sospechosamente perezosa en la implementación del nuevo turno. Habría tomado 150 nuevos trabajadores, pero no han empezado a cumplir funciones. Hay mucho retraso en el entrenamiento de los nuevos conductores y guardas, que vienen principalmente de las boleterías. Algunas máquinas expendedoras de boletos han empezado a funcionar, haciendo pensar que la empresa reemplazaría boleteros. Así y todo, según el cuerpo de delegados un nuevo turno completo requeriría no menos de 400 nombramientos.
En los talleres, por ejemplo, no se incorporó personal, lo que habla de que no está previsto cubrir el mantenimiento para un turno más, lo que afectará la seguridad en los trenes, como ha sido denunciado por los delegados ante los organismos de control.
Toda la política patronal parece dirigirse a presionar por mayores ventajas, en materia de subsidios, aumento del boleto, etc. Tiempo atrás provocó un colapso del tráfico atribuido a las nuevas disposiciones y, hace 15 días el gobierno le aumentó el subsidio a Metrovías.
La empresa, además, provoca a los trabajadores; las promociones internas son arbitrarias, no se respeta la antigüedad y se ha excluido a los delegados y activistas reconocidos. La patronal mantiene su inveterada costumbre de no recibir al cuerpo de delegados, a pesar de ser éste la única autoridad gremial que reconocen los trabajadores.
El programa del cuerpo de delegados es: la aplicación de la insalubridad a las boleterías y los talleres excluidos (Bonifacio y Polvorín); apertura de la paritaria con inclusión de los paritarios del cuerpo de delegados para discutir categorías, dotación de talleres, modalidades de trabajo y otros puntos.


S.V. y C.B.

jueves, 25 de septiembre de 2003

Nueva capitulación de Ibarra

El miércoles 17, el gobierno de Ibarra promulgó una resolución por la cual autoriza, por 30 días, a que el personal de Metrovías trabaje 8 horas, cobrando como extras las dos que exceden a la jornada de 6 horas, que corresponde legalmente por trabajo insalubre, y que los trabajadores acaban de conquistar. En esos 30 días se debería adecuar el servicio a la nueva jornada de 6 horas.
El gobierno de Ibarra vuelve a actuar como agente de la patronal concesionaria, Roggio-Metrovías, porque la empresa en ningún momento acató la resolución 1105 de la Ciudad, que redujo la jornada. Es más, impugnó la medida ante el Consejo Federal del Trabajo y desconoció los dictámenes de dos jueces laborales y del subsecretario de Regulación y Fiscalización de la Ciudad, todos los cuales sostuvieron que la jornada de 6 horas está vigente.
Desde que salió aquella resolución, el viernes 12, los trabajadores adoptaron el nuevo horario de 6 horas. Como la empresa no tomó las medidas necesarias para organizar los nuevos horarios y la puesta en marcha de un nuevo turno, los servicios empezaron a atrasarse.
La nueva resolución del gobierno ibarrista no es una medida "sensata", consensuada entre las partes, para mejor ordenar el trabajo en los nuevos horarios, sino una nueva imposición del pulpo a Ibarra.
Ibarra ya había jugado un papel miserable en esta historia, cuando vetó, el año pasado, la ley de reducción de la jornada en los subtes, que había sido el remate de 10 años de lucha de los trabajadores (ver PO N° 817). A este "progresista" no le tembló la mano a la hora de presionar, e incluso sobornar, a un grupo de legisladores para cumplir con el mandato de los Roggio. Ahora, Kirchner e Ibarra tampoco reconocen la insalubridad estructural del trabajo subterráneo sino que esgrimen mediciones ambientales que la empresa podría disputar luego de introducir algunos cambios. La resolución de los trabajadores y su cuerpo de delegados de ir a la huelga general, en las vísperas de las elecciones del 24/9, obligó a Ibarra a buscar una solución de compromiso.
Los trabajadores han aceptado la nueva resolución y volvieron a trabajar 8 horas, bajo la condición de que se paguen dos extras y de que al cumplirse el día 30, todo el mundo se retira al terminar las 6 horas. Mucho antes, la patronal deberá dar señales claras de que se reestructuran los turnos, especialmente tomando 400 nuevos trabajadores. Una señal en este sentido se obtendrá cuando el lunes 22 la empresa deba fijar posición ante el juez interviniente que la ha citado, juntamente con la directiva de la Uta y el cuerpo de delegados.


S.V.

jueves, 18 de septiembre de 2003

Diez años de lucha

En 1994, los trabajadores del subte fueron derrotados por la política de Menem. De acuerdo al convenio del año 1975, el subte comprendía a 4.070 trabajadores y la jornada era de 6 horas. Este plantel fue reducido drásticamente entre 1991 y 2003, a través de retiros "voluntarios" y despidos, y tuvo su broche final con la concesión a Metrovías.
El 31 de diciembre de 1993, quedaban 2.000 trabajadores, pero aún se trabajaban seis horas. Al día siguiente, se aplicó la jornada de ocho horas y comenzó la liquidación de 400 puestos de trabajo.
A fines de 1994 teníamos un convenio totalmente flexibilizado firmado por la Uta, con 1.600 trabajadores. Quienes comenzamos a trabajar en 1994 nos encontramos con un cuadro de desmoralización y odio a la burocracia sindical, y asumimos la tarea de comenzar la reorganización de los trabajadores. Asumimos como propia la historia de luchas del subte, y se produjo una mezcla de experiencias de los que veníamos despedidos de otros gremios, los jóvenes que recién comenzaban su experiencia laboral y los compañeros que quedaban del subte.
A finales del año 1994 se produjo la primera movilización frente a la empresa: 150 compañeros reclamaron la reincorporación de dos compañeros despedidos. No lo logramos, pero fue el inicio de una recomposición de nuestras fuerzas.
Surgieron las agrupaciones, y la nuestra (Trabajadores de Metrovías) tuvo su nacimiento a mediados de 1995. Funcionábamos en condiciones de total clandestinidad, debido a las condiciones represivas en las que teníamos que trabajar. Tuvimos que apretar los dientes mientras vimos despedir a cientos de compañeros ante la pasividad cómplice de la Uta y de la mayoría de los delegados. Pasaron las tercerizaciones, que profundizaban más la flexibilización laboral y la división de los trabajadores. Nuestra agrupación tuvo desde el vamos, como primer punto de su programa, la recuperación de la jornada de seis horas por insalubridad. Se luchó en todos los campos, levantando la moral de los compañeros; presentamos li stas para meter delegados de los trabajadores, luchamos contra el aparato burocrático más poderoso del país, contra la arbitrariedad impune de las jefaturas y contra la complicidad del Estado con uno de los grupos económicos más poderosos (Roggio). Enfrentamos causas penales, por cortes de vías, y algunos delegados fuimos presos por enfrentar las injusticias. Siempre tratamos de demostrar el carácter político de la lucha en nuestras publicaciones. Con el tiempo, fuimos forjando los cimientos de una nueva vanguardia que obtuvo el reconocimiento y respeto de los compañeros.

Dos batallas de importancia estratégica

En el año 1999 una parte minoritaria del cuerpo de delegados y todo el activismo de las agrupaciones tuvimos una prueba decisiva: un compañero - Méndez - choca con otra formación y la empresa lo despide. Fuimos al paro, frente a un complot pérfido entre la empresa, el sindicato, el Estado y una parte del cuerpo de delegados. Trescientos compañeros recibieron telegrama de despedido: y fue la carta de negociación para que Méndez quedara afuera. Podríamos haber ganado, pero un sector de delegados y la Uta pusieron urnas para que los compañeros decidieran entre los 300 despedidos y el compañero. El repudio a esta extorsión fue el terreno para que en la siguiente elección de delegados una parte de los que "tiraron para atrás" fueran barridos.
La segunda lucha estratégica contra los planes de la empresa fue contra la eliminación del puesto del guarda. En febrero de 2001, la empresa anuncia la reubicación de todos los guardas de la línea "B" dejando de este modo al conductor a cargo total de la formación, nuevamente con la complicidad de la Uta. La respuesta fue un feroz paro de los trabajadores que tuvo que ser detenido por Patricia Bullrich, al aplicar una conciliación obligatoria de 6 meses - la más larga de la historia argentina - . Impedir la eliminación del guarda - y los 220 despidos con los que pretendieron castigar nuestra lucha - fue un triunfo en toda la línea, que preparó el terreno para el tramo final de la lucha por las seis horas.
Luego de ese episodio, en las elecciones de delegados el activismo barrió a los de la burocracia y a sus cómplices de "izquierda" en todas las líneas. En ese momento, el Partido Obrero acababa de conquistar una banca en la Legislatura porteña, desde donde impulsó una resolución de repudio a los 220 despidos y a la eliminación del guarda. Así, Jorge Altamira, junto a los delegados del Partido Obrero en Metrovías, se convertía en un referente público de los intereses de los trabajadores del subte.
De este modo comenzamos a demostrar a los trabajadores para qué sirve un puesto de legislador en el parlamento burgués.

La movilización por las 6 horas

Después de 1997 se instaló un debate entre los trabajadores. La burocracia y sus amigos de "izquierda" planteaban que no había condiciones para luchar por las 6 horas y que había que reclamar las 7 horas que ya estaban mencionadas en el convenio colectivo. Nuestra agrupación defendió la restitución incondicional de las seis horas. Fuimos acumulando datos históricos de diferentes fuentes, iniciamos investigaciones científicas, vimos a todos los profesionales relacionados con la insalubridad y de este modo, sólidamente armados de argumentos, lanzamos una campaña votada por el cuerpo de delegados después de la lucha por el guarda y elaboramos, junto a nuestra bancada obrera, el proyecto de ley por la reducción de la jornada laboral a seis horas sin afectar el salario.
La Uta, desde el inicio, jugó un papel carnero. Llegó a patotear una asamblea general llamada por los delegados para tratar el plan de lucha por las 6 horas y la recomposición salarial. Este fue el principio de rupturas más profundas entre la burocracia y los trabajadores.
En primer lugar se juntaron 50.000 firmas destinadas a poner en movimiento a los compañeros. Los primeros triunfos se dieron en el contexto político de la rebelión popular de diciembre de 2001. La primera incursión de los delegados y trabajadores en la Legislatura le arrancó a la Comisión de Legislación general y del Trabajo (que Altamira integra), una recorrida de los legisladores por los subterráneos. A partir de aquí los trabajadores y delegados de subte iniciaron una experiencia directa diferenciando el rol del Estado capitalista, los partidos del régimen y el partido revolucionario. Dieciocho marchas a la Legislatura, conferencias de prensa y luego la toma de la Legislatura por los trabajadores para que la ley fuera tratada en el recinto, y dos paros resueltos en asambleas realizadas en la misma Legislatura frente a los medios, permitieron obtener una nueva victoria el día 22 de agosto de 2002, con la sanción de la Ley 871 del Partido Obrero.

La Banelco

Ibarra veta la ley e impide el libre acceso de los trabajadores a la Legislatura a la sesión que debía tratar el posible rechazo al veto. Ese día, la movilización de los trabajadores se encuentra con la infantería. Una salvaje represión a los trabajadores deja a dos heridos de gravedad: el compañero Blanco, de la línea "E", y un compañero del Polo Obrero que nos apoyaba. Los delegados lanzan el paro de repudio en una asamblea improvisada frente a la Legislatura. A los dos días, se realiza una movilización de repudio a las oficinas centrales del Grupo Roggio acompañada por organizaciones barriales y de piqueteros. El Polo Obrero suma 3.000 compañeros.
Después del veto de Ibarra, la empresa trata de tomar la iniciativa. Amenaza a las compañeras con despedirlas, larga un plan de retiros voluntarios y baja las primeras expendedoras de boletos. Los trabajadores, junto al cuerpo de delegados, retoman la movilización sobre el gobierno de Ibarra exigiendo que avancen nuevos estudios sobre insalubridad. Las audiometrías realizadas a los trabajadores confirmaron lo que los trabajadores ya sabíamos: que el subte es insalubre.

La Uta firma a nuestras espaldas

En un plenario realizado en la Uta, el cuerpo de delegados rechaza de plano la pretensión de la empresa de incorporar categorías nuevas al convenio, que preparan el terreno para la liquidación del boletero. Días después la empresa publica en un comunicado interno el acuerdo firmado con Uta para nuevas categorías y la nueva escala salarial, en la cual no habían participado nuestros paritarios. Entonces, lanzamos el paro en repudio a ese acta trucha, que colocó a la orden del día la lucha por la jornada de 6 horas y la recomposición salarial.
El paro comenzó a las 14 horas, y los trabajadores tenían decidido que no se levantaba hasta que los delegados de base fueran recibidos por el Ministerio de Trabajo.

La cuenta regresiva

Luego de reuniones del cuerpo de delegados con las más altas autoridades del Ministerio, donde se pedía la anulación del acta convenio homologada por éste, la incorporación al básico de los 200 pesos dispuestos por Kirchner y la incorporación de la jornada de seis horas como primer punto de una paritaria libre, al no tener ninguna respuesta favorable el cuerpo de delegados fija la fecha de un paro. El día anterior al paro, nos citan de la Casa Rosada. El propio Kirchner nos asegura que la decisión del Ejecutivo era revisar el acta, y hablar con Ibarra para que salga la insalubridad.
Al día siguiente no nos recibió Tomada - como había pactado en la Rosada - , y pretendieron dilatar la cuestión. La respuesta de los delegados fue anunciar la huelga para el lunes. Al día viernes estaba firmada la resolución de insalubridad.
La resolución le da 30 días a la empresa para su aplicación: ahora, vamos a asegurar su cumplimiento.
Somos conscientes de que estamos frente a un triunfo histórico que abre la perspectiva de la recuperación de las conquistas perdidas por el movimiento obrero en las tres últimas décadas. En el camino han quedado miles de discusiones, miles de volantes con nuestra posición. La conclusión es una lección para los desmoralizados: con programa, organización y lucha, el triunfo es de la clase obrera y de los partidos revolucionarios.


Charly Pérez

La banca del Partido Obrero y la lucha por las seis horas

En octubre de 2001, Jorge Altamira presentó en la Legislatura el proyecto de ley para restituir la jornada de seis horas diarias y treinta seis horas semanales para todos los trabajadores del subte. El proyecto establecía la prohibición de las horas extras, y que la reducción dispuesta en la jornada laboral no afectaría el salario. También se disponía la creación de una Comisión Obrera de Seguridad, Higiene y Salubridad, es decir el control obrero sobre las condiciones de trabajo. Finalmente, prohibía cualquier alteración de las tripulaciones mínimas, así como toda forma de flexibilidad laboral que pretendiera compensar, con una mayor intensidad de la jornada laboral, la reducción horaria dispuesta.
El proyecto de Altamira, discutido con el cuerpo de delegados de Metrovías, planteaba la restitución de una conquista que sus trabajadores habían logrado en 1946, y que les fue sustraída durante las dictaduras militares de Onganía y Videla. Luego, la privatización menemista del subte volvió a despojar a los trabajadores de su jornada reducida, a partir de la coacción impuesta por los despidos masivos y la pasividad de la burocracia de la Uta.

"Quítenselo de la cabeza"

Luego de varios meses de deliberado "cajoneo" en la Comisión de Legislación General, entonces presidida por el actual jefe de Gabinete, Alberto Fernández, los trabajadores del subte votaron un plan de acción dirigido a exigir el tratamiento del proyecto de Altamira. La primera reunión de asesores de la Comisión para tratar el proyecto fue inolvidable: sólo concurrimos dos asesores, la directora de la Comisión y dos funcionarios del área de "Protección del Trabajo" del Gobierno de la Ciudad. "Quítenselo de la cabeza: no existe la menor posibilidad de aprobar esta ley": así inició la reunión el funcionario del Ejecutivo porteño. Luego, desplegó una gigantesca planilla que daba cuenta del "riguroso cumplimiento" de la patronal de Metrovías a todas las "observaciones" formuladas por su área. Estos son los mismos funcionarios que, un año y medio después, acaban de reconocer que "el 83% de los trabajadores del subte tienen problemas auditivos".
En ese lapso, se desplegó una batalla en todos los órdenes. Entre mayo y agosto de 2002 fuimos derribando todos los bloqueos y chicanas que pretendieron esgrimirse para frenar el proyecto de las seis horas. El Gobierno sostenía que "una ley no podía declarar insalubre a una actividad". Pero se negaba sistemáticamente a avanzar en los estudios de insalubridad. Los legisladores patronales sostenían también que "una legislatura provincial no puede legislar sobre cuestiones laborales", es decir que la autonomía porteña, tan cacareada por ellos, podía servir para la transferencia - sin fondos - de la educación o de la salud, pero no para asegurar conquistas a quienes trabajan o viven en la ciudad. En reuniones legislativas donde participaban decenas de trabajadores, Altamira liquidó, uno por uno, los planteos de los representantes de la burguesía. El 22 de agosto, en medio de una movilización general de los trabajadores de Metrovías, la Legislatura votó por abrumadora mayoría la ley de las seis horas. "Hoy es una jornada histórica", señaló Altamira en su intervención. "Porque estamos produciendo un viraje en la tendencia política a destruir los derechos de los trabajadores, restablecemos una conquista y ponemos un freno a la voracidad patronal (...). Esta es una de las primeras manifestaciones positivas de la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre pasado".

El veto, el paro

Para vetar la ley de las seis horas, Ibarra no inventó nada nuevo: recurrió al arsenal de todas las objeciones que el PO había rebatido durante la lucha legislativa previa. Pero el origen del veto no fueron los "argumentos", sino la brutal presión del Grupo Roggio. El lobby patronal, por un lado, y la continuidad de la lucha obrera, por el otro, terminaron desatando la mayor crisis política que enfrentó el gobierno de Ibarra. El día 10 de septiembre de 2002, una sesión convocada para debatir la "insistencia" de la ley (rechazo del veto) fue boicoteada tanto por la Ucr como por los frepasistas. Por primera vez en mucho tiempo, funcionó en el oficialismo la disciplina de bloque. "La Alianza - señaló Altamira en la sesión - había sido quebra da por el pueblo los días 19 y 20 de diciembre pasados. Aquí, en la Legislatura, ya no existía más. Pero anoche, en las dependencias de la Jefatura de Gobierno, el señor Ibarra la reconstruyó por un día. Han desenterrado el cadáver putrefacto de la Alianza, y lo hacen vivir un día, nada más que para atacar y derrotar las reivindicaciones del movimiento obrero". La noche anterior, el "Coti" Nosiglia, histórico lobbista de los monopolios contratistas dentro del radicalismo, había intervenido para disciplinar al bloque radical y asegurar el voto de sus diputados a favor del veto ibarrista.
La sesión que ratificó el veto fue una radiografía de la bancarrota del progresismo porteño: dentro de la Legislatura, su vicepresidente, Caram, emitió una "resolución" declarando "restringido" el acceso del público a las sesiones. Es decir que para hacer pasar el veto, tuvieron que delatar a la cámara de "representantes del pueblo" como lo que es, es decir, un antro de conspiración contra los derechos de los trabajadores. Pero puertas afuera de la Legislatura, estallaba una movilización imponente contra el veto, que el gobierno reprimió brutalmente. Luego, el paro que en esa tarde paralizó el subte constituyó mucho más que un simple repudio: anunció que los trabajadores de Metrovías continuarían batallando por las seis horas.
Esta lucha fue una inmensa escuela política para quienes participaron en ella. Desnudó la dependencia feroz de todas las fracciones políticas de la burguesía - de derecha a izquierda - con la política de liquidación de las conquistas obreras. Y mostró, también, la importancia de una acción obrera integral, desde la tribuna parlamentaria hasta la acción directa. Una unidad de programa y organización que fue enhebrada por el Partido Obrero.


M.R.

Victoria y alerta en el subte

Los trabajadores de Metrovías han resuelto tomar en sus manos la puesta en marcha de la conquista recobrada: la jornada de seis horas para los guardas, choferes y personal de los túneles y mantenimiento. Publicada el viernes 12 en el boletín oficial de la Ciudad, la resolución que declara insalubre esas tareas ya se encuentra vigente, excepto para los choferes. Para estos compañeros, la empresa cuenta con un plazo de treinta días para readecuar los planteles, debiendo pagarles horas extras durante ese lapso.
Pero la patronal no ha dado la menor señal de acatamiento a la nueva situación laboral. Peor aún: a través de los medios de comunicación, anunció que apelaría la resolución de insalubridad.
En este cuadro, el cuerpo de delegados del subte resolvió poner en marcha las disposiciones de la resolución. Así, el sábado los compañeros de talleres iniciaron la aplicación de la jornada de seis horas. El lunes, desde temprano, se sumaron los guardas y personal de túneles. Sólo continuarán con la jornada de ocho horas los choferes, hasta que se cumpla el plazo estipulado de treinta días.
Está claro que la patronal prepara un contraataque: por la vía de apelar la resolución en la Justicia, o presentando alguna "mejora" superficial en las condiciones laborales, que le permita luego reclamar la suspensión de la insalubridad. Por eso, entre los trabajadores del subte existe un clima de victoria y alerta: el cuerpo de delegados se prepara para hacer valer, con la acción directa, la conquista que acaba de arrancarle al Estado.


M.R.

jueves, 14 de agosto de 2003

Subte: Le aguaron la fiesta a Ibarra

El sábado 9, en el marco de la campaña electoral, Ibarra tenía una importante carta por jugar: la inauguración de las dos nuevas estaciones de la línea "B", Tronador y Avenida de los Incas.
Para esta ocasión, estaba previsto un acto en el cruce de avenida Triunvirato y Los Incas, el cual contó con la presencia de todos los medios radiales y televisivos que fueron a cubrir el circo montado por el "progresismo" porteño. La concurrencia al acto estaba compuesta mayoritariamente por el aparato de los punteros del Frente Porteño, con sus militantes del PS a la cabeza. Estos últimos, por izquierda, fueron los que intentaron desalentar a los delegados del subte de impedirle a Ibarra su acto "político" y de presentar sus legítimos reclamos.
Ibarra tampoco ahorró esfuerzos para garantizar su acto. El viernes previo, convocó al cuerpo de delegados a una reunión de urgencia prometiéndoles la declaración de insalubridad para la próxima semana. Fue todo en vano, más de 50 compañeros encabezados por el Cuerpo de Delegados estuvieron presentes en el lugar para hacer oír sus reclamos, con banderas, pancartas, rostros pintados con las consignas y cánticos permanentes como éste: "El cuerpo se pudre, el subte es insalubre".
Frente al fracaso de las gestiones del propio Ibarra, fue movilizado en pleno el aparato de seguridad del gobierno y de sus "amigos" (estaban presentes, entre otros, los pesados de Genta) y una gran cantidad de policía de civil, con la intención de neutralizar a los trabajadores del subte. Frente a esta provocación, la respuesta al jefe del operativo fue: "Al primer compañero que nos toquen, les paramos las cinco líneas".
Frente a esta situación, Ibarra se vio obligado a reconocer frente al público y las cámaras la insalubridad del trabajo bajo tierra que realizan los trabajadores de Metrovías, y bajar del palco para recibir de mano de los delegados un nuevo petitorio.
A partir de ese momento, los medios empezaron a reportear al cuerpo de delegados.
El gran ausente de la jornada fue el sindicato, la dirección de la Uta; fiel al principio de actuar a espaldas de sus representados, ni siquiera aprovechó la ocasión para enfrentar a su rival político.
Los que sí estuvieron presentes con sus banderas fueron los compañeros del Partido Obrero de la zona, que desde temprano estuvieron en el lugar repartiendo nuestro programa y una mariposa denunciando a Ibarra - Macri-Roggio.


Corresponsal

jueves, 31 de julio de 2003

Los trabajadores del Subte contra la traición de la Uta

El paro general de subterráneos del lunes 14 de julio fue un repudio masivo a la dirección de la Uta, por la firma de un acta con la patronal, a espaldas de los afiliados, que modifica funciones y condiciones de trabajo al gusto de la empresa, con el objetivo de flexibilizar las condiciones de trabajo. También fue un rechazo al acuerdo salarial de esa misma acta, totalmente insatisfactorio.
Palacios desconoció públicamente el conflicto y pretendió levantar el paro por televisión. Pero los obreros mantuvieron la medida hasta que los delegados, una vez recibidos por el Ministerio de Trabajo, dieron la orden de levantar.
Luego de esa masiva demostración, la burocracia de Uta convocó a una asamblea general de trabajadores del subterráneo, en el local sindical, con la pretensión de conseguir la aprobación del acta entreguista.
Fracasó una vez más, porque los trabajadores boicotearon la convocatoria. Hubo sólo 60 participantes (y un par de veedores ministeriales) sobre 1.300 empleados del subte.
A la misma hora, las bases del subterráneo se reunían en masivas asambleas en todas las líneas. Allí votaron y ratificaron, mediante un petitorio, el reclamo de la anulación del acta Uta-patronal. Asimismo debatieron las modalidades de un plan de lucha por la suma de los 200 pesos al básico más una recomposición de 400 pesos y la jornada laboral de 6 horas sin afectar el salario.
Ahora, se acaba de realizar una reunión en el Ministerio, con la presencia de la patronal, la plana mayor de la Uta y los paritarios elegidos por el Cuerpo de Delegados. Estos compañeros tuvieron que sortear a la entrada un amenazante cordón de un centenar de "pescetos", que la burocracia concentró en la puerta. La empresa y la burocracia mantuvieron su postura. Los delegados dejaron sentado que tenían mandato de no tratar nada, hasta que fuera derogada el acta en cuestión. Acompañaron su postura con más de 800 firmas de trabajadores. La actuación pasó al ministro, quien debe dictaminar al respecto el jueves 31.
La posición del Partido Obrero es que el Cuerpo de Delegados debe convocar, a partir de las asambleas de líneas, una asamblea general de los obreros del subte en Plaza de Mayo, con paro, y votar un plan huelguístico hasta la derogación del acta, por los 200 pesos al básico y los 400 de recomposición. Además, como en la campaña por las 6 horas, salir ya a la calle con marchas, radio abierta, barbijazo, actos de difusión, agitación sobre los usuarios. Hay que dirigirse al resto de los trabajadores de Uta para explicar el accionar antiobrero y patoteril de la dirección del sindicato y para reclamar la solidaridad con la lucha en el subterráneo.
El Cuerpo de Delegados está en condiciones de asumir la más plena autoridad y autonomía, como dirección de los trabajadores del subte.
Ninguna resolución por fuera del Cuerpo de Delgados y las asambleas de trabajadores.
Organizar una Intersindical con otros sectores combativos de la Uta y otros gremios en lucha.
Concurrir a la Asamblea Nacional de Trabajadores ocupados y desocupados el 2 y 3 de agosto.
Por la unidad de acción con los sindicatos combativos y movimientos piqueteros.


Charly Pérez

miércoles, 7 de mayo de 2003

Los trabajadores del subterráneo retoman la lucha

El 17 de marzo, un paro general de una hora organizado por el cuerpo de delegados (en todas las líneas y talleres) paralizó el subte. El reclamo: basta de violaciones al convenio (traslados de personal, imposición de tareas no convencionadas, no respeto de categorías).
La Uta, que apoyó la medida, firmó, sin embargo, un acta en el Ministerio aceptando discutir con la empresa traslados y flexibilización, justamente todo lo que los trabajadores venían rechazando. Como consecuencia de todo esto, el cuerpo de delegados inició una campaña de asambleas por sector para rechazar el acta, debatir un plan de acción y elegir representantes de base. Como primera medida de dicho plan se está firmando masivamente el apoyo a una agenda propia de los trabajadores para presentar al Ministerio de Trabajo:
1.Contra las violaciones actuales al Convenio Colectivo de Trabajo: restablecimiento de los planteles convencionales. Contra la contratación de personal fuera de convenio para realizar tareas convencionadas, la tercerización del trabajo y la imposición de tareas no convencionadas y/o ajenas a la actividad del transporte. Contra las violaciones de seguridad e higiene, etc.
2. Recomposición salarial.
3. Reducción de la jornada laboral a seis horas.
Esto se acompaña de medidas de trabajo a reglamento para que la empresa cese en el retraso del pago de sueldos.
La dirección de la Uta se ha declarado favorable a flexibilizar el convenio en los puntos que reclama la empresa. En un intento por enfriar el conflicto y ganar una posición en una rama que no controla, acaba de firmar con la patronal un 9% de aumento a cuenta de futuros salarios de convenio.
Todo indica, en el ánimo de los trabajadores, que marchamos a una lucha sostenida hasta alcanzar el conjunto de las reivindicaciones.


Carlos Pérez