Primer round para los trabajadores
El jueves 22 de febrero Metrovías informó a través de un comunicado publicado en la revista interna de la empresa (Comunicándonos, edición especial) que a partir del sábado 24 ponía en funcionamiento un nuevo reglamento operativo en la línea B, prescindiendo de los guardas en los trenes. El mismo día comienza a sacar a esos compañeros de sus funciones y pone en funcionamiento un sistema de apertura y cierre de puertas de los trenes operado desde la cabina del conductor (con la consecuente sobrecarga de tareas para ésta). Pese a que este "experimento" fue realizado en la primera jornada con personal jerárquico, el ataque sorpresivo de Metrovías tuvo una inmediata respuesta de los trabajadores, que rápidamente convocaron a una Asamblea en la Línea B, en el mismo momento en que la dirección de la UTA convocaba a un plenario de delegados en el sindicato. El plenario de delegados no pudo sesionar porque los trabajadores le exigieron a la dirección gremial que se realizara en la línea con los trabajadores presentes.
En ese plenario se votó:
1) Parar el viernes 23.
2) Una comisión integrada por delegados y trabajadores para que participe en las negociaciones con la empresa, rechazando la reubicación de los guardas en otras áreas y exigiendo que conserven sus puestos de trabajo.
3) Un comunicado de prensa informando al público usuario del posible conflicto.
4) Un volante dirigido a los pasajeros.
5) Una Asamblea General para el lunes 26.
La medida votada se implementó con un fuerte y preciso acatamiento de los trabajadores desde las 8 hasta las 9 horas del viernes 23. La empresa respondió con 220 despidos de todas las líneas y de los talleres Rancagua y Constitución. A las 15 horas, el Ministerio de Trabajo decretó la conciliación obligatoria, previendo la continuidad del paro por la furia que desataron los telegramas. La conciliación *tiene un alcance de 15 días- prohíbe las medidas de acción directa, pero obliga a la empresa a dejar sin efecto los despidos y a reincorporar en sus tareas normales a los guardas.
Los trabajadores debemos tener presente que esta decisión de la empresa de liquidar los puestos de trabajo de los guardas contó con la complicidad de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (autoridad de aplicación) y los gobiernos nacional y de la Ciudad de Buenos Aires.
La patronal se apresta, durante el período de conciliación obligatoria, a quebrar la resistencia de los trabajadores de la Línea B a fin de desarticular el conflicto, presionando a los guardas para que acepten la reubicación y a los conductores para que se recarguen de tareas y responsabilidades.
Debemos responderle poniendo en pie:
1) Comisiones de lucha en todas las líneas y talleres.
2) Fondo de huelga.
3) Asamblea General para votar el paro a la finalización de la conciliación obligatoria, si todos los compañeros no estan reincorporados y los guardas realizando su tarea habitual.
La patronal y la Bulrich violan la conciliación
La notificación a los trabajadores en sus lugares de trabajo de que la empresa deja en suspenso los despidos (no el levantamiento de los mismos); la salida de trenes con el guarda, pero sin que éste desempeñe sus tareas habituales (abrir y cerrar puertas, etc.), y los telegramas de despido posteriores a la conciliación (aunque luego suspendidos): todo esto configura una ruptura de la conciliación obligatoria por parte de la patronal de Metrovías.
Ante esta situación y faltando pocos días para la primera audiencia de conciliación, un grupo de delegados solicitó por escrito al sindicato la convocatoria a un Plenario para el miércoles 28/2. A pesar de la oposición de UTA, los delegados y trabajadores se autoconvocaron en la sede gremial el día solicitado, exigiendo el debate con la dirigencia gremial de problemas.
Los trabajadores de las diferentes líneas piden que se ponga fecha a la Asamblea General y que se denuncie en el Ministerio la violación patronal de la conciliación.
El Ministerio de Trabajo tomó parte por Metrovías al no exigirle la restitución del guarda a su puesto de trabajo con sus plenas funciones. Desoye incluso a Subterráneos de Buenos Aires (dueña estatal de la empresa concesionada), que en un comunicado desaprueba el funcionamiento de trenes sin guardas, porque atenta contra la seguridad de los pasajeros. La complicidad entre la Bullrich y Roggio quedó en evidencia desde el momento del paro, cuando la ministra hizo declaraciones a los medios atacando a los trabajadores por impedir el funcionamiento de los trenes, sin dar importancia a que el sistema "propuesto" (mejor dicho, impuesto) por Roggio no sólo amenaza la fuente de trabajo de 40 guardas, sino que pone en riesgo la seguridad de los pasajeros.
Victoria obrera en la Legislatura
Al cierre de esta edición, la Legislatura votaba por unanimidad un proyecto de declaración de Jorge Altamira, cuyo texto rechaza los 218 despidos y la supresión de guardas en la línea B.
Numerosos trabajadores del subte estuvieron presentes en la sesión y con su presencia garantizaron esta votación favorable.
Charly Pérez
viernes, 9 de marzo de 2001
AL ATAQUE SORPRESIVO RESPONDIMOS CON UN PARO GENERAL
jueves, 15 de julio de 1999
Surge la Coordinadora
Las tres agrupaciones que en la reciente lucha de los trabajadores de Metrovías impulsaron la defensa de un trabajador despedido, han resuelto constituir una Mesa Coordinadora, a la que saludamos fervorosamente. En un comunicado, que transcribimos a continuación, denuncian que la campaña de ‘amenazas de bombas’, que se ha lanzado últimamente, es utilizada para justificar una ofensiva de persecuciones contra el activismo gremial.
Sobre las amenazas de bomba
Como es de público conocimiento, desde hace un par de semanas, se vienen efectuando una serie de amenazas de bomba contra las cinco líneas de subterráneos.
Según informan distintos medios, tanto el Ministerio del Interior como la Side atribuyen estas amenazas a "empleados de la propia empresa Metrovías" y que "un grupo de activistas enfrentados a la conducción del gremio está bajo sospecha".
Como también es de público conocimiento —en el ámbito de subterráneos— quienes integramos las agrupaciones Desde Abajo, Trabajadores de Metrovías y El Túnel somos trabajadores que efectivamente estamos enfrentados tanto a las políticas de la empresa como a las de la conducción del gremio, por lo tanto seríamos quienes estamos ‘bajo sospecha’ según las especulaciones de los servicios de inteligencia.
Por esta razón es que nos vemos en la necesidad de repudiar públicamente el intento del gobierno y Metrovías de involucrar a las agrupaciones opositoras a la empresa y a la conducción del gremio con las amenazas de bomba.
Hacemos público este repudio porque no descartamos que la empresa intente montar alguna provocación contra quienes venimos enfrentando consecuentemente sus políticas de despidos —como la que sufrió nuestro compañero Méndez—, de tercerización y de eliminación de puestos de trabajo. No nos olvidemos de los supuestos actos de corrupción fabricados por la empresa y filmados con cámaras ocultas made in Bartolomé Mitre.
Y además le exigimos a la conducción del gremio que repudie públicamente cualquier intento de vincular a cualquier trabajador de Metrovías con las amenazas de bomba.
Coordinadora de Agrupaciones Opositoras
(Agrupaciones Desde Abajo, Trabajadores de Metrovías, El Túnel)
viernes, 4 de junio de 1999
Un triunfo que estaba al alcance de la mano
El conflicto del subterráneo se cerró con el despido del conductor Méndez, al que la empresa culpó del choque de trenes ocurrido en Palermo semanas atrás. El lunes 3 de mayo, un paro casi total por la reincorporación del compañero, impulsado por el activismo de base y votado en el cuerpo de delegados, amenazaba con extenderse por tiempo indeterminado. El contragolpe vino con 236 telegramas de despido de huelguistas y una conciliación ministerial, con los despedidos adentro, con excepción del conductor, que fue rápidamente aceptada por la burocracia.
Durante el período de conciliación un sector de delegados, ligados a la burocracia de UTA, hicieron una intensísima campaña por la aceptación de la propuesta patronal: la reincorporación de los despedidos, pero no del conductor Méndez, para el que ofrecía una indemnización superior a la de ley y un trabajo en otra empresa. Los telegramas fueron, quedaba claro, una medida de presión para imponer el primer despido, como reafirmación del ‘derecho’ patronal de despedir "sin causa".
Los delegados de la burocracia y de un sector que se reivindica de izquierda, protagonizaron un derrumbe político y moral completo, entregando a Méndez como chivo expiatorio de la responsabilidad patronal frente a la desastrosa situación en materia de seguridad en Metrovías.
Un triunfo completo, sin embargo, estaba al alcance de la mano. La empresa había reconocido públicamente que en el accidente no hubo errores humanos; la Comisión de Regulación del Transporte acababa de multar con 900 mil pesos a Metrovías por múltiples accidentes en el subterráneo y en el Ferrocarril Urquiza, de la misma concesionaria; las calles estaban cortadas y ocupadas por masas de estudiantes y el gobierno, en crisis, retrocedía.
Un golpe de gracia
En este punto la mayoría burocrática del cuerpo de delegados vino en auxilio de la patronal y le sacó las papas del fuego con una maniobra antiobrera. Contra la propuesta de asamblea general de los delegados combativos, impuso una votación por urna, en todas las líneas, medida favorable a la patronal; ya que la mera propuesta del voto secreto es una señal clara de que la conducción no está dispuesta a luchar.
Una cantidad de sectores reaccionó contra esta postura capituladora, mediante asambleas, pronunciamientos y comisiones de activistas que recorrieron las líneas en favor de la reincorporación sin excepciones. En el cuadro armado por la patronal y la burocracia en 20 días de conciliación, no lograron imponer la idea de defender a Méndez, saliendo de nuevo al paro, si fuera necesario. Aun en estas condiciones, el 22% de los compañeros rechazó la propuesta patronal.
No se trata de una derrota neta de los trabajadores. La patronal tuvo que emplear recursos extremos, amenaza de despidos masivos, conciliación ministerial, refuerzo policial, a la burocracia como parachoques, campaña de jefes y alcahuetes, indemnización extraordinaria. Demasiados cartuchos para despedir a un solo trabajador según la ley.
Por el lado obrero, la lucha por la reincorporación de Méndez dejó más y mejor organización del activismo, expresado en declaraciones de la Coordinadora de delegados y activistas. Nunca hubo un escrache tal de los delegados burocráticos, incluidos los orientados por el Mas, que fueron la vanguardia del bloque pro–patronal con el aporte de la consulta secreta por urna.
Esta ‘victoria a lo Pirro’ de la patronal, le va a traer más inconvenientes que ventajas. Hay que preparar a fondo la organización del activismo, para dar batalla contra las condiciones de inseguridad e insalubridad, por la jornada de 6 horas, contra el despido de guardas y boleteros, que está en la agenda patronal, y contra la tercerización de sectores. En ese camino hay que barrer del cuerpo de delegados a los elementos capituladores y alcahuetes.
Corresponsal
jueves, 6 de mayo de 1999
Subterráneos: Gran paro contra la arbitrariedad patronal
El paro de los subterráneos que se produjo el lunes 3 a partir del mediodía y se fue extendiendo por todas las líneas, se originó en la reacción de los trabajadores contra el despido del conductor que, hace pocos días, fue una víctima más del choque de trenes en la línea D. Víctima, igual que los pasajeros, de la improvisación criminal de la patronal y la falta de condiciones de seguridad reinante en la empresa.
Los delegados se habían movilizado en esa oportunidad para sacar al conductor de la comisaría, donde estuvo detenido, al tiempo que denunciaban públicamente la responsabilidad empresaria del accidente. Se trataba de una prueba de trenes en horario pico y con pasajeros, sin los elementos de seguridad imprescindibles (reductor de velocidad, frenado automático). Tanta era la evidencia que Metrovías se vio obligada a retractarse de sus primeras declaraciones sobre la existencia de "errores humanos" en el choque.
Todo esto en una empresa monopólica, a la que el gobierno acaba de extenderle el contrato, incluyendo un aumento inmediato del 20% del cospel.
El cuerpo de delegados votó el paro por tiempo indeterminado hasta la reincorporación del compañero. A medida que se iban paralizando las tareas en la tarde del lunes, la patronal enviaba decenas de telegramas de despidos de huelguistas. Al cierre de esta edición, el Ministerio de Trabajo decretaba una conciliación obligatoria con los despedidos trabajando, a excepción del conductor que percibirá sus haberes, sin tomar servicio. Se abre un período de preparación de la lucha para reintegrar al despedido. Es fundamental la agitación pública sobre las condiciones de inseguridad, consecuencia de la improvisación patronal y la "tercerización" de trabajos que se practican desde la privatización.
Los delegados se habían movilizado en esa oportunidad para sacar al conductor de la comisaría, donde estuvo detenido, al tiempo que denunciaban públicamente la responsabilidad empresaria del accidente. Se trataba de una prueba de trenes en horario pico y con pasajeros, sin los elementos de seguridad imprescindibles (reductor de velocidad, frenado automático). Tanta era la evidencia que Metrovías se vio obligada a retractarse de sus primeras declaraciones sobre la existencia de "errores humanos" en el choque.
Todo esto en una empresa monopólica, a la que el gobierno acaba de extenderle el contrato, incluyendo un aumento inmediato del 20% del cospel.
El cuerpo de delegados votó el paro por tiempo indeterminado hasta la reincorporación del compañero. A medida que se iban paralizando las tareas en la tarde del lunes, la patronal enviaba decenas de telegramas de despidos de huelguistas. Al cierre de esta edición, el Ministerio de Trabajo decretaba una conciliación obligatoria con los despedidos trabajando, a excepción del conductor que percibirá sus haberes, sin tomar servicio. Se abre un período de preparación de la lucha para reintegrar al despedido. Es fundamental la agitación pública sobre las condiciones de inseguridad, consecuencia de la improvisación patronal y la "tercerización" de trabajos que se practican desde la privatización.
Corresponsal
jueves, 15 de octubre de 1998
El activismos desplaza a los delegados de la burocracia
El activismo antiburocrático acaba de infligirle una importante derrota a la burocracia de la UTA. Las listas opositoras, encabezadas por luchadores antiburocráticos, obtuvieron 524 votos, frente a los 429 de las listas encabezadas por el oficialismo. Por su parte, las listas encabezadas por delegados identificados con posiciones conciliadoras del Mas obtuvieron 286 votos.
Los trabajadores de Metrovías han ajustado cuentas con un Cuerpo de Delegados que durante 2 años maniobró entre el acuerdo con la patronal y las presiones de los trabajadores, para culminar a fines del año pasado levantando todas las medidas de lucha que se llevaban adelante (‘barbijazos’, movilizaciones, paros, etc.), bajando las reivindicaciones por las cuales los trabajadores luchaban (aumento salarial, insalubridad, contra los despidos, etc.) y sosteniendo la ‘necesidad’ de acordar con la empresa la prórroga del convenio con el cual la burocracia de la UTA había entregado la histórica jornada de 6 horas y convalidado cientos de despidos con la privatización del subte. A esta traición, luego de un año de intensas luchas, se llegó a partir de un acuerdo entre la burocracia y el Mas, que generó el repudio en importantes sectores de la base de Metrovías.
Justamente, gran parte de los delegados electos han sido los que han denunciado esta subordinación del gremio a la patronal y han defendido la necesidad de lanzar un plan de lucha, por la salubridad y el conjunto de las reivindicaciones.
La dirección de la UTA ha perdido, de esta manera, la hegemonía que tuvo durante años en el Cuerpo de Delegados de Metrovías. El nuevo Cuerpo de Delegados asume, en momentos en que la patronal pretende llevar adelante el reemplazo de los señaleros, guardas y boleteros por sistemas automáticos. Frente a ello es vital la defensa de los guardas y de los puestos de trabajo de todos los compañeros. La posibilidad de automatizar algunas tareas brinda aún más condiciones para reducir la jornada laboral sin afectar el salario y mejorar el servicio. Para que esto suceda, y no los despidos que proyecta la empresa, el nuevo Cuerpo de Delegados debe lanzar un plan de lucha y definir un programa sobre la base de la defensa de la jornada de 6 horas (insalubridad), la estabilidad laboral, el rechazo a la tercerización y el aumento salarial.
Sergio Szulman
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