Los partidos patronales quieren "cajonear" la lucha por las seis horas
La lucha de los trabajadores del subte por la jornada de seis horas es, a esta altura, una batalla en regla contra la "flexibilidad laboral" impuesta al conjunto de la clase obrera. El desconocimiento de las seis horas integró, en definitiva, el "paquete" de los contratos basura y de la liquidación de los convenios colectivos, para favorecer a los monopolios privatizadores como Roggio, Macri o Techint. Hoy, ese mismo régimen social se cae a pedazos y la lucha del subte le revela que la clase obrera saldrá a luchar por todas y cada una de las conquistas despojadas.
Es este alcance estratégico el que explica la oposición mortal a la "ley de las seis horas" por parte de los bloques que representan a la burguesía en la Legislatura de la Ciudad.
La expectativa de que el veto de Ibarra pondría un punto final a este episodio fue brutalmente desmentida por la acción de los trabajadores de Metrovías. Ibarra tuvo que valerse de todos los recursos de la extorsión para impedir que los diputados oficialistas "insistieran" en la sanción definitiva de la ley.
Si aquel episodio mostró al Ejecutivo de la Ciudad operando sin escrúpulos a favor de Roggio, la sesión realizada el pasado martes 22 sacó a la luz el esfuerzo desesperado de todos los bloques patronales por "enterrar" la ley de subtes. En esta oportunidad, mientras la Ucr y el Frente Grande prestaron quórum, para proponer que el despacho se archivara ("a comisión"), el bloque del PJ reclamaba "votar de una vez por todas", con plena conciencia de que no se reunirían los votos necesarios por el rechazo al veto. "No podemos tener a la Legislatura en vilo, sesión tras sesión, por este tema", sostenían los diputados del PJ. Pero es esto, justamente, lo que reclamaban los delegados del subte: es decir, mantener en la agenda legislativa a la ley de subtes, hasta quebrar - movilización mediante - la resistencia de los bloques oficialistas. El PJ demostró, así, su compromiso con la "gobernabilidad" reclamada por Ibarra y con la "patria contratista". La misma que le dio de comer a los Grosso y Domínguez en la Ciudad.
Sin embargo, el "cajoneo" fue desbaratado una vez más por los compañeros del subte. Cuando percibieron las intenciones de oficialistas y justicialistas, los obreros presentes hicieron tronar el "que se vayan todos", obligando a la interrupción de la sesión, frustrando la votación antiobrera y forzando a un nuevo cuarto intermedio. Fracasó así el intento por ponerle un "punto final" a esta batalla.
Es evidente, a esta altura, que la Legislatura buscará sesionar en secreto, impidiendo el ingreso de trabajadores, o hacerlo en otro lugar físico, al estilo del viejo Concejo Deliberante que debió ser disuelto. La crisis del subte desenmascaró, así, el carácter conspirativo de la supuesta "cámara de representantes del pueblo".
La lucha del subte ingresará en una nueva etapa, que exigirá del paro, de la unidad con el movimiento piquetero y de una movilización política integral hasta arrancar las seis horas y la insalubridad para todos los trabajadores.
M. R.
jueves, 24 de octubre de 2002
"A la Banelco la vamos a quebrar"
jueves, 17 de octubre de 2002
Histórica jornada de lucha en el subte
Después de numerosas asambleas y movilizaciones que lograron arrancar la Ley 871 a la Legislatura porteña, los trabajadores emprendimos una nueva lucha por la ratificación de la ley vetada por el negrero Ibarra.
Para lo cual el Cuerpo de Delegados decidió una movilización para el día 10, fecha en que la Legislatura debía tratar la insistencia de la Ley. La necesidad del paro contra el veto fue madurando en el Cuerpo de Delegados y un amplio sector del activismo. El mismo jueves a las 8:30 horas, el Cuerpo de Delegados junto a la comisión directiva de Uta, evaluando que había una firme posición de los diputados oficialistas (Ucr-Frepaso) de boicotear la insistencia de la ley, decide continuar con la marcha y realizar en todas las líneas un paro sorpresivo de 14 a 15 horas.
Mientras los trabajadores del turno mañana de Metrovías, junto al Polo Obrero y Asambleas Populares, se movilizaban y ejercían una fuerte presión sobre la Legislatura, que ya estaba sesionando, se largaba el paro, que tuvo un fuerte acatamiento en todos los sectores y fue garantizado por los delegados, pese al poco tiempo que medió entre la decisión y la ejecución.
En este sentido, debemos destacar la rápida respuesta de los trabajadores, que demostró que la idea del paro ya estaba madura; en algunos sectores se llegó a interrumpir los servicios cortando la vía. De esta manera se impuso el paro a pesar del intento de la patronal de continuar los servicios con los supervisores conduciendo los trenes.
Esta jornada histórica tuvo una segunda etapa: con más de 250 trabajadores dentro del recinto y con una cantidad superior de trabajadores de líneas de colectivos y piqueteros en las puertas del edificio, sesionó el Cuerpo de Delegados en un salón de la Legislatura para balancear el paro, la movilización y el trámite legislativo. Ante la confirmación de la enorme disposición de lucha de los trabajadores y la confirmación del boicot de la Alianza, se resolvió por unanimidad un nuevo paro de 18:30 a 20:30 horas. Esta decisión fue anunciada en una asamblea improvisada dentro del Palacio Legislativo, que en ese momento estaba objetivamente ocupado por los trabajadores (Metrovías, Rentas y Grissinópoli), y fue ratificada por aclamación. A partir de ese momento los delegados de las líneas bajaron a los túneles a garantizar la medida.
Debemos destacar que este segundo paro superó sorprendentemente al ya contundente paro anterior, sumando al Premetro y a la casi totalidad de las boleterías.
Los trenes quedaron paralizados en todas las estaciones de la ciudad de Buenos Aires, y en algunos sectores los supervisores y una insignificante cantidad de carneros fueron expulsados por los trabajadores para impedir que movieran los trenes. Eso preanuncia cómo se va a desenvolver la lucha en los próximos días contra el gobierno de Ibarra y sus secuaces, y su mandante Aldo Roggio.
Charly Pérez
Los trabajadores del subte ponen contra las cuerdas a un gobierno fundido
La lucha de los trabajadores del subte por la jornada de seis horas ha desatado una colosal crisis política en el Estado de la ciudad. En la sesión legislativa del pasado jueves 10, los radicales y el Frepaso "desaparecieron" del recinto, para no sumar a los cuarenta votos que se requerían para ratificar la ley vetada por Ibarra. Mientras tanto, la ciudad era sacudida por un paro absolutamente masivo de las cinco líneas de subte.
Por primera vez en mucho tiempo, funcionó en el oficialismo la disciplina de bloque. "La Alianza - señaló Altamira en la sesión - había sido quebrada por el pueblo los días 19 y 20 de diciembre pasados. Aquí, en la Legislatura, ya no existía más. Pero anoche, en las dependencias de la Jefatura de Gobierno, el señor Ibarra la reconstruyó por un día. Han desenterrado el cadáver putrefacto de la Alianza, y lo hacen vivir un día, nada más que para atacar y derrotar las reivindicaciones del movimiento obrero".
Para salvar su veto a la ley de subtes, Ibarra tuvo que convocar a una reunión de urgencia a los diputados radicales y frepasistas, en la noche anterior a la sesión. El conciliábulo tuvo la presencia del Coti Nosiglia, es decir, el representante directo de la "patria contratista" dentro de las filas de la Ucr. "Si ustedes ratifican la ley de subtes - les dijo Ibarra - , ponen en riesgo la gobernabilidad de la ciudad." Es decir que sólo continuaría gobernando si es al servicio de los Roggio y las cliques capitalistas que lucran del presupuesto público. Para defender esa orientación, los diputados de la ex Alianza - que en un 90% habían aprobado la ley de subtes en primera instancia - debían ahora desdecirse y "vaciar" la sesión. Es decir que Ibarra-Nosiglia desataron un verdadero golpe de Estado contra la Legislatura, los trabajadores del subte y sus millones de usuarios.
Acción obrera
Ibarra tuvo que intervenir de este modo porque la ratificación de la ley de las seis horas era, a esa altura, imparable. Los delegados del subte acababan de sostener una dramática reunión con los diputados del bloque radical, donde colocaron sobre la mesa las más de 40.000 firmas recogidas entre los usuarios apoyando la devolución de la conquista de las seis horas. "¿Van a optar por esto, por el reclamo de trabajadores y pasajeros, o le van a tirar un salvavidas a un gobierno fundido, al que sólo defienden los Roggio y sus colegas?", les señaló uno de los delegados. Luego de horas de deliberación, el bloque radical había resuelto "insistir" en la ley, lo que desencadenó la posterior intervención de Ibarra.
A esa misma hora, las asambleas de Metrovías resolvían el paro para el día de la sesión. En esas horas, tomó estado público un pacto entre los principales bloques legislativos - suscripto cuando asumió Ibarra hace dos años - , asegurando que ningún veto del Ejecutivo sería rechazado durante su gestión. Es decir, Ibarra puso como condición de "gobernabilidad" el sometimiento permanente de la Legislatura. Naturalmente, la ratificación de la ley de subtes colocaba en crisis ese "principio".
Hay que tirarlo
La crisis impuesta por la acción obrera también se encargó de poner sobre el tapete la sospecha que recorre a todas las oficinas de la Ciudad: detrás de cada uno de los bloqueos a las seis horas está la mano - y sobre todo la caja - de los Roggio. Altamira realizó por primera vez esta denuncia en una reunión de presidentes de bloque, cuando se pretendió postergar, hace dos meses, el tratamiento de la ley de subtes. Uno de los motivos que había empujado a una parte de los diputados radicales a ratificar la ley fue, precisamente, desmarcarse de los rumores de corrupción que crecían en toda la Legislatura. Pero este intento de "saltar del barco" retrata, como ninguna otra cosa, a un gobierno quebrado y descompuesto. El gobierno de Ibarra es la junta de negocios de la banca Morgan, Metrovías y los capitalistas del juego. "Ibarra igual a Hambre", pintan los compañeros de La Boca. "Ibarra igual a Roggio", pintan los compañeros del subte. El repudio popular al gobierno ha comenzado a sacar a la luz los arreglos privados y corruptelas de las pequeñas "juntas de negocios" que funcionan en cada repartición: los negociados inmobiliarios a costa de los sin techo; los negociados con los concesionarios de la alimentación a costa de los comedores de hospitales y escuelas; los negociados con la patria contratista a costa de los trabajadores y usuarios. La lucha del subte coloca sobre el tapete toda esta podredumbre. Por eso, y para imponer definitivamente las seis horas, tenemos que recurrir a una gran movilización de conjunto, interesando a todos los explotados de la ciudad que están siendo agraviados por el gobierno de Ibarra. ¡Seis horas ya! Fuera los agentes de Roggio, Fuera Ibarra. El 22 de octubre próximo, todos a la Legislatura, a exigir la ratificación de la ley.
M.R.
jueves, 10 de octubre de 2002
Contra el veto de Roggio-Ibarra
Los obreros de Metrovías han iniciado una nueva etapa de la lucha por la vigencia definitiva de la jornada de 6 horas en los subterráneos. Una vez conquistada, con una enorme movilización, la ley que impone la reducción de la jornada, ahora van contra el veto de Ibarra.
El veto respondió exclusivamente a la connivencia del Ejecutivo ibarrista con los intereses de Benito Roggio, la empresa que tiene la concesión del subterráneo. La fundamentación del veto se pierde en divagaciones sobre la constitucionalidad de la ley y sobre la incumbencia o no del Gobierno de la Ciudad en reformas laborales, pero esquiva la cuestión de las condiciones estructurales de insalubridad del trabajo subterráneo.
La Dirección de Protección del Trabajo, que fundamentó el veto, refiere haber iniciado investigaciones sobre las condiciones ambientales en la actividad, esto después de innumerables denuncias de todo tipo que se han acumulado durante varios años. Queda claro que el gobierno de Ibarra es un agente de la "patria contratista" que se nutre del presupuesto capitalino y le ha dado la espalda a los intereses de los trabajadores, de los usuarios y de toda la población que apoya la reivindicación de los trabajadores.
El hecho de que la Comisión de Asuntos Constitucionales haya dado un despacho a favor de la insistencia en la ley en minoría, muestra que la Legislatura está dispuesta a "cajonear" la Ley. El cuerpo de delegados de Metrovías está organizando una nueva movilización masiva para arrancar el voto contra el veto, para el jueves 10 sobre la Legislatura, fecha en que el tema debería volver al recinto para considerar el veto del Ejecutivo. Las asambleas preparatorias por línea están mostrando una disposición de lucha de los trabajadores. Una vez más el destino de esta lucha está en sus manos, ya que la dirección de la Uta no ha mostrado ningún interés real en impulsarla.
La Asamblea Nacional de Trabajadores del pasado 28 y 29, resolvió apoyar la movilización, con una columna de organizaciones piqueteras.
El Partido Obrero apoya esta movilización y llama a convertirla en una gran jornada obrera y popular por el triunfo de los obreros del subte y contra la política del negrero Ibarra, con el aporte de asambleas populares, organizaciones estudiantiles y demás organizaciones sociales.
S. V.
Las seis horas, en un momento decisivo
La Comisión de Asuntos Constitucionales de la Legislatura emitió un dictamen en minoría por la "insistencia" en la ley de reducción de la jornada en el subte. Se trata de la primera vez, bajo el actual cuerpo legislativo, que se plantea el rechazo a un veto del Ejecutivo. Los delegados sindicales concurrieron masivamente a Asuntos Constitucionales. También desfilaron abogados constitucionalistas y laboralistas que refutaron jurídicamente los fundamentos del veto. Altamira presentó un documento que impugna política y jurídicamente las pretensiones del gobierno.
Pero la Comisión se expidió "en minoría", sin la firma de los representantes del justicialismo y con una representación parcial de los radicales. Ni qué decir que los "ibarristas" del Frente Grande tampoco aportaron al rechazo del veto. Es decir que los legisladores de los bloques patronales se han aferrado a la resolución de Ibarra. Es evidente que la insistencia plantearía una crisis política en la Ciudad, ya que tomó estado público la existencia de un "pacto no firmado" entre el oficialismo y el PJ cuando asumió esta Legislatura, en el sentido de que los vetos nunca serían rechazados. Los legisladores no quieren golpear la "gobernabilidad" de Ibarra, cuyo "nivel de consenso" sólo alcanza a los grupos contratistas como Roggio y a los privatizadores de toda laya. Las seis horas representan un golpe brutal sobre el régimen de la flexibilidad laboral y la superexplotación obrera, que los actuales representantes de Rodríguez Saá, Kirchner y Terragno defendieron a muerte bajo Menem o De la Rúa.
En estas condiciones, el Cuerpo de delegados del subte prepara para el jueves 10 una gran acción obrera. Se marchará, desde cada línea y taller, hacia la Legislatura. La iniciativa estará acompañada por el Bloque Piquetero, que resolvió en su última Asamblea Nacional apoyar esta acción de lucha de los trabajadores del subte. Como lo señalamos en Prensa Obrera en julio pasado: "Las seis horas exigirán un piquetazo".
M. R.
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